Elecciones en Andalucía

¿Por qué Andalucía, el principal granero de votos del PSOE, ha virado a la derecha?

Casi cuatro décadas sin alternancia política, decenas de escándalos de corrupción, dos expresidentes de la Junta imputados y un candidato sin gancho electoral son algunas de las razones por las que la mayoría de andaluces se decantarán por el popular Juanma Moreno en lo que en su día fue el bastión socialista. La gestión y la moderación del barón popular han logrado romper con el tabú de un gobierno de derechas en esta comunidad además de no generar rechazo

¿Por qué Andalucía, el principal granero de votos del PSOE, ha virado a la derecha?

EFEPedro Sánchez interviene en un acto público en Almería

Tras 37 años ininterrumpidos de gobiernos, el PSOE concurrirá por primera vez el próximo 19 de junio a unas elecciones en Andalucía como líder de la oposición. Los comicios de 2018 sacudieron el tablero político al arrebatar el PP su tradicional feudo a los socialistas , a pesar de que Susana Díaz ganó las elecciones. Con todas las encuestas en contra, pronosticando que su principal caladero de votos virará a la derecha apostando por la continuidad de Juanma Moreno, no solo como primera fuerza, algo que ya hizo Javier Arenas en 2012, sino además sumando más que toda la izquierda junta, el verdadero reto del PSOE, pese a que dice que sale a ganar, será no caer por debajo del pésimo resultado que obtuvo Díaz en 2018, el más bajo de la historia del partido en esta comunidad, 33 diputados.

La abstención del votante de izquierda en la cita del 19-J vuelve a ser, como hace cuatro años, el principal enemigo del PSOE, 400.000 votos perdidos en los anteriores comicios. Pero no el único factor. El cansancio y hastío de los andaluces tras casi cuatro décadas sin alternancia política y, sobre todo, los numerosos e incontables escándalos de corrupción que sacudieron a la Junta bajo dominio socialista con dos expresidentes condenados explican en buena medida el vuelco en Andalucía de 2018 y el previsible giro a la derecha el próximo 19 de junio.

Al lastre de su propia historia en Andalucía, los socialistas afrontan además otros dos obstáculos más en la carrera electoral al Palacio de San Telmo: su propio candidato y el del PP. Y es que el PSOE concurre con el cabeza de cartel menos competitivo que ha presentado nunca en esta comunidad, Juan Espadas. Por si fuera poco, enfrente tendrá a un candidato a la reelección tan fuerte como Juanma Moreno, favorito en todas las encuestas tras haber roto el tabú de un gobierno de derechas en la región y erigirse como el mayor activo electoral del 'nuevo' PP de Alberto Núñez Feijóo por su perfil moderado y con su gestión como principal aval.

Por si fuera poco, la cita en las urnas del 19-J será crucial porque marcará el pistoletazo de salida al intenso año electoral que nos espera en 2023, con las elecciones autonómicas y municipales en mayo y las generales, previsiblemente, en diciembre. Además será la primera vez que el PSOE de Pedro Sánchez se enfrente en unos comicios por primera vez al PP bajo la Presidencia de Feijóo. Un nuevo batacazo en su tradicional bastión supondrá, sin lugar a dudas, un duro golpe para el Gobierno de Sánchez al tiempo que reforzará el mensaje emitido por Génova desde el pasado 4-M en Madrid: el 'cambio de ciclo político en España es inevitable e imparable'. No en vano más allá de la Junta, están en juego los 61 escaños que repartirá esta comunidad en la contienda a la Moncloa del próximo año.

Andalucía es parte del ADN socialista

Para el PSOE, Andalucía no es una comunidad cualquiera, sino que forma parte de su propio ADN y de su historia. Los datos hablan por sí solos: gobernó durante décadas de forma ininterrumpida, desde 1982 hasta 2018; ha ganado diez de las once elecciones convocadas, la mitad de ellas con mayorías absolutas; alcanzó los 66 escaños en el año 1982 y ha sido de manera indiscutible, hasta las últimas elecciones celebradas, su principal feudo. Y en ello radica una de las causas de que Andalucía haya virado a la derecha: la ausencia de alternancia política durante casi cuatro décadas, algo insano democráticamente y que ha sucedido en pocas regiones en Europa.

La relación entre los socialistas y Andalucía empezó desde las primeras elecciones autonómicas celebradas en esta comunidad, en 1982, cuando el PSOE de Rafael Escudero se alzó con una victoria aplastante, con 66 escaños y el 53% de los votos, más de 35 puntos por encima del segundo partido, Alianza Popular. José Rodríguez de la Borbolla sucedió a Escudero cuando presentó su dimisión dos años después. En 1986, Borbolla retuvo la Junta en las manos socialistas al imponerse con 60 escaños, cinco más de los 55 que dan la mayoría absoluta, y el 47.13 % de los sufragios.

Cuatro años después, en 1990 el PSOE, ya con Manuel Chaves amplía su ventaja: 62 escaños y el 49,61% de apoyos. Sin embargo, en las elecciones para la IV legislatura andaluza, en 1994, Chaves perdió la mayoría absoluta, al hacerse con 45 escaños y el 38,71% de apoyo en las urnas. Pese a ello, el PSOE pudo gobernar en minoría gracias a los 20 escaños que tenía Izquierda Unida Los Verdes-Convocatoria. Sin embargo, Chaves se vio obligado a disolver el Parlamento dos años después, en 1996, al resultar imposible la gobernabilidad por lo que vino a calificar como “la pinza” entre IU y el PP.

Con este adelanto electoral, Chaves mejoró sus resultados: 52 escaños y el 44,40% de los votos. Un resultado que le permitió prescindir de IU al salir investido con el respaldo de los cuatro diputados del Partido Andalucista. Fórmula que repitió en el 2.000, año en el que Chaves volvió a obtener 52 escaños (44,40% del sufragio) apoyándose de nuevo en los diputados del Partido Andalucista (5 diputados).

En los comicios de 2004, Chaves fue investido por quinta vez tras recuperar el PSOE la mayoría absoluta, 61 escaños y el 50,36% de apoyo en las urnas. Mayoría absoluta que revalidó, por los pelos, Chaves cuatro años después, en 2008, al hacerse con 56 escaños y el 48,41% de respaldo. En 2009 Chaves fue relevado como presidente de la Junta por José Antonio Griñán al ser llamado por José Luis Rodríguez Zapatero para ser su vicepresidente tercero y ministro de Política Territorial.

Las siguientes elecciones consolidaron la tendencia en descenso de los socialistas andaluces iniciada en 2008, donde irían viendo cómo cada vez que se abrían las urnas se alejaban aún más de la mayoría absoluta hasta perder la Junta por primera vez en 2018. En 2012, el PP de Javier Arenas ganó por primera vez las elecciones en Andalucía al hacerse con 50 escaños y el 40.66% de los votos (1.570.833) frente a un Griñán que cosechó 47 asientos en el Parlamento (40,66%). Los socialistas tuvieron no solo que recurrir a su anterior socio, IU (12 diputados) sino también abrirle las puertas del Gobierno con una vicepresidencia y tres consejerías. Acorralado por el escándalo de los ERE, Griñán dimitía en 2013 y dejaba al frente de la Junta a Susana Díaz.

En 2015, Susana Díaz volvía a situar al PSOE como el partido más votado en la región aunque con un peor resultado que cuatro años antes, 47 escaños y el 35.41%. Tras tres investiduras fallidas y 81 días en funciones, la socialista fue elegida presidenta gracias a los nueve votos de Ciudadanos. Tres años después, Díaz adelantó las elecciones tras romper Cs su acuerdo de investidura por los incumplimientos de la parte socialista. Los comicios de 2018 fueron una hecatombe para el socialismo, de la que aún no se ha recuperado, al dejarse 400.000 votos con su peor resultado histórico: 33 escaños y el 27,94%. Pese a ser la primera fuerza, la suma de las derechas -PP, Cs y Vox, arrebató a los socialistas por primera vez su principal feudo poniendo fin a 37 años de gobiernos ininterrumpidos.

La alargada sombra de la corrupción en Andalucía

"El impuesto más caro para los españoles es la corrupción". Esta declaración que el presidente Sánchez formuló el pasado 18 de abril, refiriéndose al PP, podría aplicarse a los socialistas andaluces, en vista de las decenas de causas que salpican a su larga trayectoria al frente de la Junta.

Más allá de la falta de alternancia política en el Palacio de San Telmo, lo que verdaderamente provocó el cambio de ciclo que se evidenció en 2012, con la victoria de Arenas y la caída del apoyo en las urnas del PSOE en cada cita electoral, fueron los escándalos de corrupción.

El principal fue el escándalo de las prejubilaciones falsas o amañadas en los expedientes de regulación de empleo (ERE) que saltó en 2011 a raíz de las investigaciones decretadas por la juez que instruía el 'caso Mercasevilla'. Esta trama, diseñada por la cúpula del Gobierno andaluz del PSOE entre 2000 y 2009 para sustentar su propio poder a través de un arbitrario reparto de fondos millonarios a cambio de lealtades y favores, movilizó sin control alguno al menos 680 millones de euros y dio origen a una macrocausa troceada en más de 200 piezas.

La pieza principal, la llamada 'pieza política', supuso un verdadero mazazo para el PSOE andaluz cuando el 19 de noviembre de 2019 la Audiencia de Sevilla emitió su sentencia. El fallo condenó a 19 de los 21 exaltos cargos imputados a penas que suman 68 años de cárcel y 255 de inhabilitación. Entre ellas, la de los expresidentes Griñán, condenado a seis años de prisión por malversación y prevaricación y 15 de inhabilitación, y su antecesor Chaves, a nueve años de inhabilitación por el segundo de los delitos.

juicio de los ere

Sin embargo, el escándalo de los ERE, pese a ser el más sonado, no es el único que ha salpicado al PSOE de Andalucía y sus gobiernos. A continuación hacemos un repaso de algunas de las causas de la etapa socialista andaluza aún pendientes de ser juzgados:

  • Caso de los cursos de formación: El escándalo del presunto fraude de las ayudas a los cursos de formación saltó en 2014 tras una denuncia de la Seguridad Social. En esta causa se investiga, además de a ex altos cargos de la Junta, a sindicatos, empresas, alumnos y profesores por un presunto desvío de unos 3.000 millones destinados a cursos que en la mayoría de las veces ni se realizaron.
  • Caso Faffe: La Fundación Andaluza Fondo de Formación y Empleo (Faffe) fue un ente dependiente de la Consejería de Empleo que fundó, en 2003, el Gobierno de Chaves para formar a parados. En realidad durante sus ocho años de existencia, desde 2003 a 2011, funcionó como una agencia de colocación de miembros, familiares y amigos del PSOE que dilapidó el dinero destinado a organizar cursos de formación para los desempleados andaluces en prostíbulos, viajes y clubes de lujo. Precisamente, la mujer del candidato socialista para el próximo 19-J, Juan Espadas, fue contratada por la Faffe cuando el ahora secretario general del PSOE-A era un alto cargo de la Junta.
  • Invercaria: Un juez investiga presuntas irregularidades en la empresa pública de inversión y capital riesgo de la Junta de Andalucía, un caso que acumula una treintena de imputados por presunta malversación de fondos públicos y en el que se ha señalado al exconsejero de Innovación Francisco Vallejo.
  • Caso Madeja y Enredadera: El caso Madeja tiene su origen en el Ayuntamiento de Sevilla, tras una investigación sobre los presuntos regalos que pudo recibir exdirector del área de Vía Pública del equipo de Gobierno socialista de Alfredo Sánchez Monteseirín por parte de la empresa Fitonovo a cambio de contratos públicos. Este causa desembocó en la operación Enredadera, que se desarrolló en 13 provincias españolas y se saldó con 32 detenidos, 22 de ellos en Andalucía. Se les acusa de presuntos delitos de blanqueo de capitales, alteración de precio en concurso y subasta pública, falsedad en documento mercantil, delitos contra la Hacienda Pública y organización criminal. La mayoría son funcionarios de la Junta de Andalucía y la Junta de Extremadura o de diputaciones provinciales de Jaén y Sevilla, así como otros cargos políticos.

Espadas, un candidato sin gancho electoral

Para los comicios del próximo 19 de junio los resultados no son muy esperanzadores para el PSOE. Todas las encuestas, incluido el siempre cuestionado CIS de Tezanos, sitúan al PP como el gran ganador de los comicios, al borde de la mayoría absoluta, en torno a los 50 escaños, sumando por primera vez más que toda la izquierda junta y solo necesitando de la abstención de Vox para gobernar. Los sondeos más benévolos con los socialistas le dan al menos los mismos escaños del batacazo de Susana Díaz, cuando no menos, lo que sería un nuevo fracaso del PSOE en el que un día fuera su gran bastión.

Parte de la 'culpa' la tiene su candidato, Juan Espadas, apuesta personal de Pedro Sánchez y que se impuso apenas hace un año a la propia Díaz en unas primarias para dirigir el PSOE-A en un movimiento de Ferraz para enterrar el 'susanismo'. El exalcalde de Sevilla apenas ha tenido la proyección de su antecesora en el cargo, siendo el candidato menos competitivo de los que ha presentado el PSOE hasta ahora para competir por el Palacio de San Telmo.

Sánchez y Espadas

Prueba de ello es que es un gran desconocido para la mitad de los votantes andaluces. Según el CIS andaluz, solo el 53,8% sabe quién es Espadas. Y lo que es aún peor: uno de cada cuatro simpatizantes del PSOE tampoco lo conoce.

Otros dos datos que han hecho saltar las alarmas en Ferraz son el elevado nivel de desmovilización de su electorado y el trasvase de votos del PSOE al PP. Todos los estudios apuntan a que la abstención en la izquierda podría estar entre el 16 y el 18 por ciento, cuatro veces más que la de los votantes del PP y de Vox. Además, más de un 10% de los votantes socialistas podrían coger esta vez la papeleta de Moreno, más de 100.000 votos si se tiene en cuenta el millón que los socialistas tuvieron en las pasadas elecciones autonómicas.

Tampoco ayuda la división a la izquierda del PSOE con las batallas públicas entre Adelante Andalucía y Por Andalucía. Ésta última logró que la Junta Electoral arrebatara los fondos electorales a la formación de Teresa Rodríguez y a punto estuvo de dejarla también fuera de los debates. Por no hablar de los líos internos dentro de la coalición de izquierdas con acusaciones cruzadas entre IU y Podemos, cuando el partido de Belarra y Alianza Verde se quedaron fuera de la plataforma, lo que ha obligado a sus representantes a concurrir en sus listas como independientes. Todo ello agrava aún más la desmovilización del votante de izquierdas en estos comicios.

Moreno, el barón moderado

A toda esta carrera de obstáculos para los socialistas se une el hecho de que enfrente tendrá a un rival tan fuerte como es Juanma Moreno. Si pocos le conocían antes de las elecciones de 2015, que fueron las primeras a las que concurrió, o incluso en 2018, su popularidad y liderazgo en Andalucía ahora es indiscutible. Con una imagen de moderación y consenso, muy en la línea del nuevo presidente de su partido, Feijóo, el candidato a la reelección se ha erigido como uno de los principales activos del PP con un perfil totalmente contrapuesto al de Isabel Díaz Ayuso. Sin entrar en provocaciones ni en temas de índole nacional, Moreno ha sabido conectar con la sociedad andaluza al hablar de los problemas de la comunidad y con la gestión de su Gobierno como mejor aval, convirtiéndole en un candidato que no genera rechazo.

De hecho, según el CIS andaluz, casi la mitad de los andaluces (el 44%), más de ocho puntos porcentuales más que el 35,6% de voto que le augura el CIS, prefiere que Moreno sea el presidente, muy por encima de Espadas (14,5%) y un 46,8% aprueba su gestión. Más allá de la estimación de voto, el candidato del PP es el líder mejor valorado, con un 6,28 sobre diez, y alcanza el aprobado incluso entre los votantes del PSOE, con un 5,25.

"Se puede ser socialista y votar a Juanma Moreno". Con esta palabras Feijóó animó el pasado 4 de junio a los votantes, especialmente a los del PSOE, a optar por la papeleta del PP el próximo 19-J para seguir apostando por el Gobierno del cambio en esa comunidad. Todo un misil a la línea de flotación de los socialistas en lo que fue su principal bastión al apelar directamente a su propio electorado.

Consciente de ello, Moreno concurre a estas elecciones apoyándose en su propia marca personal como 'Juanma', dejando en un segundo plano las siglas del PP. El candidato a la reelección ha diseñado una campaña en la que él será el protagonista y quien marcará todos y cada uno de los mensajes para que no suceda lo que ocurrió en la de Castilla y León, donde hubo un desembarco continuo y caótico en los diferentes actos electorales de los barones y del entonces presidente popular Pablo Casado.

El miedo a Vox y el efecto 'Olona'

Consciente de lo que se juegan en estas elecciones, Vox ha apostado por un verdadero "peso pesado" como es Macarena Olona, su "mejor candidata", en palabras de Santiago Abascal. Por primera vez, la formación de ultraderecha concurre a unos comicios sin apostarlo todo a sus siglas y con una de sus caras más conocidas como cabeza de cartel. La abogada del Estado es una de las parlamentarias de esta formación más combativas en el Congreso de los Diputados y la voz del partido en los distintos recursos que ha presentado contra el Gobierno, algunos de los cuales han asestando algunas de sus mayores derrotas al Ejecutivo de Sánchez: como la inconstitucionalidad de los dos primeros estados de alarma o el cierre del Congreso decretado por Batet por la pandemia.

Con el precedente de las elecciones de Castilla y León, donde entró por primera vez a un Gobierno regional, Vox aterriza en estos comicios con un órdago al PP: no regalará ningún voto, ni siquiera la abstención. O entra en su Gobierno o votará en la investidura contra Moreno junto a la izquierda. Unos comicios en los que además los de Abascal cierran un círculo, ya que fue en Andalucía donde obtuvieron en 2018 sus primeros escaños en un Parlamento regional, 12.

Volver a caer en el error de agitar el miedo a Vox, promovido por la propia Ferraz en muchas otras citas electorales, puede volverse un tiro en el pie para el propio PSOE. La llamada 'alerta antifascista' de la que hablaba Pablo Iglesias en 2018, azuzar el temor a la llegada de la ultraderecha, ha dejado de funcionar a la izquierda ya hace tiempo convirtiéndose en una estrategia fallida con la que se estrelló en Galicia, Madrid y Castilla y León.

La irrupción de Vox o no en la Junta de Andalucía también situará a los socialistas en el brete de poder impedirlo si votan a favor de Moreno o se abstienen en su investidura, lo que no parece tampoco que vaya a ocurrir en vista del intenso maratón electoral que hay por delante hasta las generales de finales de 2023.

Sobre el autor de esta publicación

Luis Villajos

Luis Villajos (Madrid, 1982) es subdirector de Republica.com. Lleva desde 2011, casi desde su fundación, trabajando en este diario. Su paso por diferentes puestos hasta el actual le confieren una amplia visión del funcionamiento de la redacción. Está especializado en información política, aunque también le interesan la actualidad internacional y los temas de denuncia social.