CUMPLEAÑOS DE LETIZIA ORTIZ

Letizia 5.0, de periodista a Reina de España

Arranca la segunda mitad del partido de una reina, que como Isabel II, ni estaba destinada, ni fue educada para serlo, comienza con un regalo envenenado de su suegro con el que va a coincidir en el funeral de Isabel II el próximo 19 de septiembre

Letizia 5.0, de periodista a Reina de España

GtresDoña Letizia, en una imagen reciente durante la conferencia 'Tour del cáncer' en Lleida

El último cumpleaños que Letizia Ortiz Rocasolano celebró en su piso de Valdebernardo invitó a sus vecinos a una súper fiesta. Cumplía 31 años. Consciente de que aquel era su ultimo aniversario en libertad y decidió sorprender a la comunidad. “Puso un cartel en el ascensor”, confesaba su vecina del 7º C, de la calle de los Almendros 40, un día después de que estallara la bomba y el pueblo supiera que la presentadora del telediario de las nueve era la prometida del Príncipe de Asturias y que sería la próxima Reina de España. Han pasado 19 años. Casi dos décadas en las que Letizia Ortiz ha mutado de periodista a Princesa de Asturias y de ahí a Reina de España. El 15 de septiembre, Letizia cumplirá 50 años, medio siglo cuya celebración aterriza fagocitada por el fallecimiento de Isabel II, la reina entre las reinas.

Como dijo Antonio Banderas, arranca la segunda mitad del partido de una reina, que como Isabel II, ni estaba destinada, ni fue educada para serlo. Comienza con un regalo envenenado de su suegro, el rey emérito, con el que va a coincidir en el funeral de Isabel II el próximo 19 de septiembre. Un papelón institucional que, sin duda, está destinado a convertirse en alimento de las hienas del corazón.

Corría el día de Todos los Santos de 2003. Siete menos diez de la mañana. La periodista Letizia Ortiz salía de su apartamento en vaqueros y con una bolsa de mano. Gaspar, el portero de la finca, le preguntó si se iba a trabajar un sábado y tan temprano. “Me voy porque tengo un asunto muy importante entre manos”, le contestó mientras subía al taxi. Cuando Gaspar supo cuál era aquel tema tan poderoso, con la resaca de la noticia, confesaba encantado: “Tenemos la reina que necesitamos, se le cae la humildad por todos lados. Todos los días cuando sale a las ocho de la mañana se para a saludar y eso no lo hace mucha gente”.

Hacía mucho tiempo que en los medios de comunicación repiqueteaba un runrún sobre la nueva pareja del Príncipe de Asturias, era rubia y trabajaba en televisión, decían. Antes de que la noticia explotara y para frenar a la marabunta del colorín, además de callar a los monárquicos intransigentes, Zarzuela anuncio con premura el compromiso del heredero con Letizia Ortiz Rocasolano. La futura Princesa de Asturias era una plebeya, periodista y divorciada, condiciones intolerables que a lo largo de la Historia habían provocado sonadas renuncias al trono como la de Alfonso de Borbón y Battenberg o la de Eduardo VIII. Había que crear un ideario con el que el vulgo se identificara y que pudiera eclipsar, sobre todo, el asunto del divorcio.

La metamorfósis, de periodista a Princesa de Asturias

La reina Letizia en su etapa profesional en TVE

Seis días tardaron en organizar el compromiso oficial. Mientras intramuros se topaban los nerviosos plebeyos Ortiz Rocasolano con los petulantes aristócratas Borbón y Grecia, los novios atendían a la prensa.

Estaba la periodista contestando a sus colegas cuando el Príncipe la interrumpió y ella se lo reprochó con la inolvidable frase “déjame terminar”, algo que jamás le han perdonado los vetustos monárquicos y periodistas de rancio abolengo. No olviden que fue ella la interrumpida y fue ella la que entró con mal pie en ese mundillo antediluviano por reprocharlo.

Se instaló la periodista en la cárcel de oro de la Zarzuela conociendo la libertad de cerca y con ganas de aprender lo necesario para que la consideraran digna de formar parte de la familia Borbón. El caso es que allí no había nada qué hacer, salvo iniciarse en el arte del protocolo, estudiar la intrincada historia de los Borbones y mejorar su inglés. Incluso le prohibieron, por seguridad, mantener vivo el diario que había iniciado al entrar en palacio.

Una vez convertida en Princesa de Asturias, tampoco tenía mucho que hacer, salvo dar un heredero a la corona. Ni la constitución ni la familia real habían reparado en su figura. La última princesa de Asturias fue la hermana mayor de Alfonso XIII, la misma que perdió el puesto el 17 de mayo de 1886, día del nacimiento de su hermano, el hijo póstumo real. Ahora que sabemos el ambiente que se cocía en palacio, la perfeccionista Letizia debió flipar. De hecho, fueron años en los que se la veía tensa, achantada por sus suegros, en ocasiones incluso triste como apareció en 2004 en sus primeros Premios Príncipe de Asturias como consorte.

Hasta que ingresó en la familia Borbón Letizia había sido una mujer independiente, meticulosa, muy segura de sí misma, una profesional que siempre supo que quería llegar a lo más alto. Controladora hasta rozar la enfermedad, la princesa Letizia vivía en tensión permanente, quiso gobernar los movimientos de toda su familia plebeya, porque frente a la tropa Borbón no podía consentir escándalo alguno. ¡Con la de trapos sucios que tenían escondidos en el trastero real!

Bastante tenía con soportar los desplantes de los amigos y familiares, unos pijazos insustanciales que nada tenían que ver con ella. En palacio se dedicó a ver oír y callar, consciente de que lo suyo era cuestión de tiempo. Decidió aprender el oficio, cumplió con su deber dando a luz a la princesa Leonor en 31 de octubre de 2005 y año y medio después aseguró el futuro de la corona con el nacimiento de la infanta Sofía el 29 de abril de 2007.

Ese mismo año, en febrero, apareció muerta en su piso de Vicálvaro Erika, la hermana pequeña de la princesa. Aquel suceso fue el mazazo definitivo. Según cuenta su primo David Rocasolano en Adiós princesa, durante el funeral, Antonio Vigo, su expareja y padre de Carla se acercó al ataúd y rompió a llorar desconsoladamente. “Un llanto desgarrador resonó en la bóveda de la pequeña iglesia (…) Antonio, el tímido, el apocado, el asustadizo se volvió hacia el rey y gritó: ‘¡Vosotros tenéis la culpa, hijo de puta! ¡Vosotros la habéis matado!’ (…) Me sentí orgulloso de Antonio. Había dicho con valentía lo que yo también opinaba. Ellos habían expuesto a Erika a la voracidad mediática, a una vida vacía y sin intimidad”.

Sostiene el autor de Adiós princesa que “el gran tren expreso de los Borbones arrolló a la modesta caravana de los Ortiz Rocasolano” y ya nada fue lo mismo. Aquel día Letizia se arrodillo ante el rey “en un claro gesto de demostrar a quién pertenecía”. Lo cierto es que para entonces Letizia era la madre de la futura Princesa de Asturias y eso, en sí, ya es una elección.

Sola ante la adversidad borbónica

Sola ante la adversidad borbónica comenzó a preparar una agenda propia, siempre con el visto bueno del Gobierno. Tenía que hacerse ver y ser útil a la monarquía. Desde 2005, cuando pronunció sus primeras palabras en el acto de amadrinamiento de la bandera de la Unidad de Acción Rural de la Guardia Civil, hasta ahora Letizia ha asumido 3.803 actos, ha pronunciado 191 discursos y ha realizado 145 viajes al extranjero, de los que 35 han sido en solitario.

Que la prensa la tratara como un florero nunca fue plato de su gusto, pero se dejó llevar por ese perfeccionismo que la caracteriza y empezó a cincelar su rostro. No le gustaba ni su perfil ni su mentón y solía bromear con sus complejos, así que entró en el quirófano para realizarse una rinoplastia y algún arreglo del mentón (nunca confesado). Estaba previsto que luciera su nuevo perfil durante la cena con la que finalizaban las vacaciones en Mallorca, pero el accidente del vuelo de Spanair que se estrelló nada más despegar en Barajas obligó a que la Princesa Letizia diera la cara una semana antes.

Desde entonces se ha convertido en una adicta a la medicina estética. A los 50 años, su semblante ha perdido naturalidad, su rostro rezuma exceso de ácido hialurónico y bótox, ha perdido la naturalidad de antaño y el rictus. Alguien le debería decir que llega un momento que resulta más saludable dejar que el óxido del tiempo esculpa libremente los surcos del rostro en lugar de luchar contra la vejez. Hoy, poco queda de la bella Letizia de antaño, su rostro evoca a miles de actrices de Hollywood ávidas de juventud. Como ejemplo, basta recordar la portada que le dedicó la revista ¡Hola! por su 50º aniversario que se convirtió en motivo de escarnio en el universo cibernético. Ni era ella, ni se la esperaba.

Siendo Princesa recogió el consejo de la Reina, aquel que le recomendó mantener a un diseñador de cabecera con el que acertar siempre. Durante años. los diseños de Felipe Varela coparon el vestidor de Letizia acompañados por las obras de arte de Lorenzo Caprile. Modista como le gusta que le llamen, Caprile fue el primero que la vistió de princesa, una creación de crepé y tul de seda, con escote retro y mangas semitransparentes, que Letizia lució con un peinado de ondas al agua de Gloria Delgado, y llevó con una serena elegancia en el enlace de Federico y Mary de Dinamarca, el 14 de mayo de 2004. La futura reina deslumbró y demostró que no le venía grande el papel.

Una imagen del rey Felipe VI, doña Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía este verano en Mallorca.

Reina controladora

La investidura de Felipe VI se convirtió en un punto de inflexión para su carácter y, por qué no decirlo, en el armario real. Poco a poco, Letizia rompió todos los lazos con el que durante años fuera el segundo Felipe de su vida. Había llegado su momento, ella era la Reina y ella marcaría su camino.

Libre de la presión de Zarzuela, la Reina Letizia se muestra en público mucho más relajada y segura de sí misma. Madre orgullosa de dos adolescentes modelo, controla todo absolutamente todo lo que se refiera a su educación.

De la cuadrilla real no quiere saber mucho, sólo mantiene amistad con Máxima de Holanda y Rania de Jordania. De su época como periodista posee una cohorte de amigas entre las que se encuentran Sonsoles Ónega, Mar Peiteado y Almudena Bermejo, un triángulo que la protege del resto como la guardia pretoriana a los emperadores romanos. Son ellas las que se encarga de callar los rumores de aquella esquina que cada cierto tiempo se desgañitan anunciando los problemas conyugales de los monarcas.

La Reina, haciendo caso omiso de los rumores, alimenta su agenda y engoda su labor institucional. Letizia encabeza un sinfín de iniciativas que luchan por que la salud, la justicia, la educación y la cultura sean igual para todos. Aboga por la alimentación saludable, la lucha contra el cáncer, las enfermedades raras y la igualdad de género.

En un día tan señalado, el fallecimiento de Isabel II ha eclipsado la celebración televisiva del cumpleaños real. Letizia, que acostumbra a celebrar sus cumpleaños en la intimidad, ha cerrado su agenda y no tiene previsto ningún acto oficial. ¡Felizidades majestad!