Las madres de menores “trans” urgen a romper el género, pero no el cuerpo ni la salud mental de sus hijas e hijos

El empeño del lobbie transgenerista está provocando que miles de menores de edad – el 80% niñas- al confundir género con sexo manifiesten Disforia de Género de Inicio Rápido

Amanda

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AmandaEl empeño del lobbie transgenerista, amparado desde el Ministerio de Igualdad, por establecer una Ley Trans a nivel nacional no solo está borrando y poniendo en peligro los derechos de las mujeres. Está provocando que miles de menores de edad – el 80% niñas- al confundir género con sexo manifiesten Disforia de Género de Inicio Rápido (DGIR).

Las consecuencias, lejos de ser inocuas, están haciendo peligrar la salud física y mental de una generación que el día de mañana pedirá explicaciones. “Se está amenazando peligrosamente el sano desarrollo y la salud de niñas y niños. A través de la ideología de la identidad de género se están desempolvando ideas de que existen cosas, gustos, actitudes, preferencias, etc., femeninas y masculinas, que si son opuestas al sexo indican que se nació en el cuerpo equivocado y se es trans”, tal y como recalca Ángeles Álvarez, portavoz de Contra el Borrado de las Mujeres, una de las plataformas abolicionistas que se atreven a denunciar esta situación.

El boom por hacerse trans

El calado de la identidad de género es tal que cada día sube el contador de menores de edad que, de un día para otro y sin haber manifestado nunca disforia de género, llegan a sus hogares y manifiestan que son trans. “Mientras que la disforia de género o disconformidad de la persona con su sexo biológico, manifestada desde edades muy tempranas y que según datos de American Academy of Pediatrics, tiene una incidencia es de alrededor de 0,3 de cada 10.000 mujeres y 1 de cada 10.000 varones, la de Inicio Rápido insólita hasta hace pocos años pero producida a nivel mundial es más frecuente en niñas (7 de cada 10 casos) y en un alto grado suelen tener de fondo problemas subyacentes sin tratar como el autismo, TDAH, TOC, trastornos alimenticios, etc.”, añade Álvarez.

Esto ha provocado que el número de menores, principalmente niñas, derivadas a las clínicas de género, haya aumentado alarmantemente, sobre todo por la propaganda social. Basta acudir los datos para verlo. Mientras que en la clínica Tavistock de Reino Unido se ha incrementado el número de niñas atendidas en un 4000% en menos de 10 años, en Madrid, la Unidad de Identidad de Género ha visto un incremento de solicitudes de atención del 500% entre 2017 y 2019, la mayoría de ellas de chicas muy jóvenes.

Puri Lop conoce muy bien esta realidad. “Mi hija ha cambiado cinco veces de género en los últimos 10 meses. Durante toda su infancia se sintió niña, a los 12 años y medio nos anunció que era agénero. Mes y medio después, tras el verano, nos dijo que volvía a ser una chica. En las navidades fue demiboy, y ya, en febrero, nos contó que es un chico. Mi hija es adolescente y, por tanto, voluble. Está sufriendo mucho. Y nosotros con ella. Necesita ayuda, no afirmación de género. Pero las leyes trans lo prohíben”, explica.

Y es que, tal y como esta madre comenta, el problema de su hija nada tiene que ver con ser transexual. “Ella tienen dificultades de encaje social debido a sus altas capacidades. Una charla en el instituto dada por una persona investida de autoridad hizo el resto. En esa charla la gran mentira rancia y casposa de los tiempos actuales y sustentada en el mantra de que una persona no es lo que es sino lo que siente ser la convenció. Mi hija creyó que la única posibilidad de ser alguien era dejar de ser quien era. La mentira que se salta la biología y les dice que si se hormonan y amputan se solucionarán sus problemas psicológicos les oculta la parte de que se convertirán en enfermas crónicas (osteoporosis, anorgasmia, infertilidad, problemas cardiovasculares, dolor articular...)”, añade.

Y es que para Puri Lop lo queer es una secta que se extiende como tal influyendo sobre todo entre las menores. “En mi entorno, además de mi hija, conozco otros seis casos, cinco chicas y un chico, todos menores de edad. Dos de las chicas hormonadas y con la mastectomía hecha. A una de ellas, que empezó con bloqueadores puberales se le detuvo el crecimiento. Mide 1,45 y tiene osteoporosis, con 17 años. Pero eso le da igual a los lobbies farmacéuticos y cirujanos plásticos que se están forrando gracias a la gran mentira. Nadie les dice que el sexo es inmutable y que, si algo es el género es una imposición”, subraya.

Lo acientífico por encima de todo

Un contagio social que ratifica Amanda, la asociación de madres y padres de Adolescentes y Niñas con Disforia de Género Acelerada: “Nos están llegando casos de familias que tienen gemelos y en las que el niño dice ser niña y la niña un niño; grupos de madres cuyas hijas son amigas y donde las tres jóvenes han decidido de golpe hacerse trans, o niñas que con 12 años, y que por el sexismo en el que vivimos, no quieren que les miren el pecho y llegan a casa exigiendo un binder, que no es más que una faja que plancha los pechos, ya que piensan que como no les gusta su pecho, es porque son chicos. Todas estas menores piden de inmediato el cambio de pronombre y la hormonación”, dice Paloma Pulgar (en la foto de abajo), una de sus fundadoras.

Y sus demandas, lejos de ser estudiadas por la clase médica, son satisfechas de forma inmediata. “Se están limitando las valoraciones psicológicas a menores con disforia, calificando todo aquello que no se ciña al “modelo afirmativo de género” como terapia de conversión, cuando la realidad es que la verdadera terapia de conversión es conducir a niñas y niños disconformes con los estereotipos sexistas a la hormonación”, añade esta portavoz.

Una situación que ha llevado a Rosario T., madre y socia también de AMANDA, a interponer la primera denuncia en España contra el hospital madrileño Ramón y Cajal por iniciar el cambio de sexo de su hija sin su permiso. Su hija, adolescente de 16 años con secuelas por el bullying sufrido, anorexia y un intento de suicidio a sus espaldas ahora es llamada con su nombre de niño. “Están alimentando su confusión, obviando todas sus patologías", tal y como reconocía en la entrevista que concedía al 'El Mundo' para contarlo.

Así las cosas, esta forma de disforia de género rápido tiene mucho que ver con el bombardeo de “lo trans” por tierra, mar y aire. Tanto que en un 86,7% de los casos coincide con el aumento de uso de las redes sociales por parte del o la joven, que además pertenecía a grupos de amistades en que una o varias personas se identifican como transgénero. De hecho, otra madre cuyo testimonio se contó a raíz del hashtag en Twitter #RompeElGéneroNoSuCuerpo narraba como en clase de su hija “de 22 alumnos cinco son trans, todas son chicas. ¿A nadie le saltan las alarmas? Mi hija es una adolescente confusa, lo normal en esa etapa. No necesita hormonas, sino madurar”, decía.

“Mamá, quiero un binder”

El relato de las madres de AMANDA coincide en un mismo punto: en el del patrón premeditado que las y los jóvenes aprenden a través de las redes sociales. “Los discursos que ven en series, redes sociales o charlas se dirigen a asustar a las familias para conseguir presionar en poco tiempo a hacerse y aceptarles como trans. Por eso no solo amenazan con el discurso de que se van a suicidar, sino que se autolesionan, hacen competiciones para ver quién consigue hacerse las heridas mas grandes o piden un binder, una especie de faja para hacerse un binding, es decir comprimir sus pechos y que, al evitar el movimiento de los mismos, comprime el tórax, restringe la capacidad de respiración, altera la piel y puede llegar a provocar fracturas de costillas”, explica.

Un sufrimiento físico que -sin hablar de las dobles mastectomías, la amputación de penes o los tratamientos hormonales- en el caso de niños trans de menos de cinco años ya cuenta con marcas que venden ropa interior en Reino Unido para lo que se conoce como “tucking”. Se trata de ropa “para el aplanado y plegado de sus testículos hasta hacerlos casi invisibles. Algo que la comunidad médica denuncia puede acabar en infertilidad. Hay incluso madres como las de un niño de seis años que recomiendan esta ropa para que los leggings se vean lisos. Para las niñas también se venden penes de ganchillo. Esto es abuso infantil”, tal y como explica la activista Nuria Salagre.

Ante esta tremenda realidad padres como el asturiano Triki, con una hija que se dice trans, pide que el sistema sanitario ayude a su pequeña a que “deje de sufrir con una terapia adecuada y que no la empujen a la locura de la transición. Mi hija dice que es una persona trans. Dice que es un hombre. Sufre por ello y cree que identificarse como hombre, hormonarse y posiblemente hacerse una doble mastectomía la hará más feliz. Yo sé, con completa seguridad, que ella es una mujer. Y no solo porque lo diga su biología, sino también porque la conozco mejor que ella misma. Mi hija tiene Disforia de Género de Inicio Rápido (DGIR): no le gusta su cuerpo femenino. Ella es una persona muy inteligente y sensible pero también con problemas de autoestima y encaje social, y también TDAH. En definitiva, es carne de cañón para la ideología queer”.

Por eso este padre pregunta a quienes tienen poder para decidir y legislar que ya “que se sabe que hay una epidemia de adolescentes de características muy similares que de repente se identifican como trans y que países que han seguido este camino antes que España, como Suecia, lo están desandando, ¿qué excusa van a poner cuando se demuestre el error cometido? ¿Con qué cara se van a mirar y que le van a decir a los adolescentes y jóvenes a los que han empujado a esta locura?”. Por si acaso añade también que esto que a él le está pasando con su pequeña “sucede ahora mismo en el colegio de tus hijos”.

 

Nuria Coronado Sopeña es periodista, conferenciante, formadora en comunicación no sexista y organizadora de eventos

Autora de Lolita contra el lobo (Serendipia Editorial), Mujeres de Frente, Hombres por la Igualdad (Editorial LoQueNoExiste), Comunicar en Igualdad (ICI) y documentalista de Amelia, historia de una lucha (Serendipia Editorial)

Sobre el autor de esta publicación