Del ocaso de Casado a un Feijóo que no acaba de despegar, el 'vía crucis' del PP en 2022

EFEEl líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, el pasado 2 de abril junto a su predecesor, Pablo Casado.El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, el pasado 2 de abril junto a su predecesor, Pablo Casado

Historias para entender 2022

Del ocaso de Casado a un Feijóo que no acaba de despegar, el 'vía crucis' del PP en 2022

La mayoría de encuestas reflejan un estancamiento del 'efecto' que generó la llegada del líder gallego a Génova hace casi nueve meses

Una montaña rusa. Así podría describirse el 2022 que ha vivido el principal partido de la oposición en España. Un año de sobresaltos, alegrías y altibajos que termina con un líder diferente que con el que arrancó tras una encarnizada guerra civil en sus filas, con mayoría absoluta en el principal feudo socialista -Andalucía- y como favorito en las encuestas. Sin embargo, el llamado 'efecto Feijóo' que se desató tras la llegada del gallego a Génova ha comenzado a mostrar síntomas de 'pinchazo', reduciéndose su ventaja con el PSOE en los últimos meses.

Una tendencia que los populares esperan poder revertir con 'ayuda' de las últimas decisiones y errores del Gobierno en la recta final del año. El fiasco de la ley del 'solo sí es sí' y las polémicas concesiones al independentismo como la derogación del delito de sedición, la rebaja de la malversación o la intención de devolver su escaño a los líderes del procés se han convertido en gasolina para disparar sus aspiraciones en el intenso ciclo electoral que se avecina el año que viene.

Al ambiente enrarecido por el clima de tensión y bronca instalado en el Congreso se ha sumado además una crisis institucional sin precedentes tras bloquear el Tribunal Constitucional la tramitación en el Senado de la reforma judicial del Ejecutivo de coalición. Una 'victoria' judicial que se ha apuntado el PP y con el que apuntala su reiterada petición de que se celebren elecciones anticipadas ya: “Es este Gobierno o España”.

Una guerra civil

Pablo Casado empezaba el año arrastrando un conflicto sin resolver: la intención de Isabel Díaz Ayuso, la amiga a la que él situó como candidata en 2019, de tomar las riendas del PP madrileño. La negativa de Génova a adelantar el Congreso regional que la presidenta madrileña venía reclamando desde septiembre del año anterior desató una pugna que acabó por pasar factura al PP: al dilapidar su clara ventaja en las encuestas sobre los socialistas en apenas tres meses. Sin embargo, poco podía imaginarse Casado al arrancar 2022 que lo peor estaba por venir.

La mecha se prendió la noche del 16 de febrero cuando diversos medios publicaron noticias sobre un supuesto espionaje ordenado desde Génova al entorno de la líder madrileña por un contrato de 1,5 millones de euros para la compra de mascarillas relacionado con Tomás Díaz Ayuso, el hermano de Isabel. Aunque la dirección nacional lo negó, la propia Ayuso, en una comparecencia desde la Puerta del Sol, señaló directamente a Casado como responsable acusándole de orquestar una operación para "destruirla de la forma más cruel".

La furibunda respuesta del presidente popular, lejos de calmar las aguas, echó más leña al fuego al insinuar un posible delito de tráfico de influencias por parte de su ya ex amiga y exhibir una cifra, una mordida de 286.000 euros que se habría llevado Tomás Díaz Ayuso. El choque de trenes era ya inevitable.

Con todos los puentes dinamitados, Génova y Sol se enzarzaron en una guerra sin cuartel con acusaciones cruzadas, desplantes y amenazas en forma de expedientes disciplinarios. Un enfrentamiento que sumergió al partido en la peor crisis de su historia durante una interminable semana hasta que entraron en juego los barones.

A río revuelto, ganancia de pescadores. Aprovechando el caos, los barones forzaron una interminable Junta Directiva Nacional en Génova, un idus de marzo, donde todos dieron la espalda a Casado, incluso aquellos más leales como Juanma Moreno o Fernando López Miras, obligándole a convocar un Congreso Nacional para elegir a su sucesor, puesto al que, esta vez sí, Feijóo se postuló arropado por los líderes territoriales. Algo para lo que tuvo que esperar un poco, hasta el dos de abril, cuando finalmente fue proclamado nuevo presidente de los populares.

EUROPA PRESS _ La soledad de Pablo Casado en su despedida del Congreso de los Diputados

Un 'nuevo PP'

El aterrizaje de Feijóo en Génova, con sus cuatro mayorías absolutas en Galicia a sus espaldas y su perfil de moderado y de buen gestor, desató euforia y muchas expectativas en las filas populares para el inicio de una nueva etapa, un 'nuevo PP'.

El líder del PP logró sacar a su partido del abismo en el que se había precipitado al coser las costuras de su partido y conseguir la unidad. Feijóo, por su pasado autonómico, dio mas libertad a sus barones al tiempo que neutralizó a su principal amenaza, la siempre complicada Díaz Ayuso, con quien firmó una especie de tregua tácita que se ha mantenido hasta ahora, concediéndole su mayor deseo: hacerse con las riendas del PP madrileño.

A diferencia de la anterior dirección nacional, Feijóo ha sabido aprovechar las diversas voces presentes en el partido y no ve inconveniente ni incongruente los diferentes mensajes, y tonos, de Ayuso, Moreno o la propia Génova. Todo suma en una misma estrategia: desalojar a Pedro Sánchez de la Moncloa en las próximas generales.

Pese a mostrarse dispuesto en el cónclave en el que fue proclamado presidente del PP a dirigir una oposición moderada que impulsara grandes pactos de Estado con el Gobierno, desde su primera reunión con Sánchez en la Moncloa se hizo patente que esto no sucedería. Nueve meses después de llegar a Génova, Feijóo finaliza el año con el saldo de pactos a cero, en un doble juego en el que su partido vota 'no' a prácticamente todo lo que provenga del Gobierno mientras reitera constantemente su voluntad de llegar a acuerdos.

Feijóo arrancó su liderazgo al frente del partido disparando al PP en las encuestas desde su llegada. El punto álgido se alcanzó en julio, cuando tanto el denostado CIS de Tezanos como la encuesta de 40dB para El País y la Cadena SER, apuntaban a que el PP superaba en estimación de voto al PSOE por primera vez en muchos meses. En concreto, la mayor parte de los sondeos otorgaban al PP una media de entre tres y cuatro puntos de ventaja sobre el PSOE. Sin embargo, desde entonces se ha producido un 'pinchazo' del llamado 'efecto Feijóo', que no solo se ha estancado sino que ha visto como en los últimos meses los socialistas reducen distancias, aunque el PP sigue como primera fuerza en la mayor parte de las encuestas cuando no en empate técnico en una minoría de sondeos.

Alberto Núñez Feijóo, a su llegada al Debate del estado de la Nación

EFE _ Alberto Núñez Feijóo, a su llegada al Debate del estado de la Nación

El deterioro de la economía -con una inflación disparada y la escalada del precio de la energía y los carburantes-, la novedad de su liderazgo y la victoria de Juanma Moreno en Andalucía dispararon al PP en todas las encuestas, una tendencia que desde el verano se ha parado en seco. Es cierto que Feijóo inició su mandato marcando el paso al Gobierno con la economía como principal campo de batalla proponiendo medidas que meses más tarde el Gobierno hacía suyas tras haberlas denostado como la rebaja del IVA al gas, como ya ocurrió con el de la luz, o generando una crisis interna en Ferraz con la rebelión de barones socialistas apuntándose a las rebajas del IRPF de Ayuso o Moreno.

Sin embargo, la sobreexposición a la que no estaba acostumbrado Feijóo en su feudo gallego, donde medía los tiempos y las formas de cada mensaje, ha desdibujado en estos nueve meses su perfil de moderado y de buen gestor. Tiempo en que el líder del PP ha cometido algunas meteduras de pata, especialmente en el ámbito económico, como cuando confundió la prima de riesgo con el tipo de interés, dio un número de afiliados a la Seguridad Social más bajo que el real, puso en duda que la Comisión Europa diese viste bueno a la 'excepción ibérica' poco después de que esta lo hiciese o de manera sorprendente propuso retirar de la circulación todos los vehículos con más de diez años.

Tampoco le han salido muy bien lo que el propio PP vendía como los 'cara a cara' en el Senado con Sánchez, que no dejaban de ser una mera pregunta en sede parlamentaria en la sesiones de control al Gobierno como las que hacían el resto de grupos. Y es que se está instalando entre algunos sectores del partido la sensación de que el líder de la oposición no está sabiendo aprovechar, con la que le está cayendo al Gobierno, el momento para darle la puntilla definitiva. Es decir, hacer patente que el 'efecto Feijóo' no fue un espejismo de apenas tres meses sino que se consolide como una tendencia.

13-F y 19-J, una de cal y una de arena

A Feijóo le tocó una herencia 'envenenada' de su antecesor nada más aterrizar en Génova, el pacto de Alfonso Fernández Mañueco con Vox tras la repetición electoral del 13 de febrero. En busca de un 'Ayusazo' como el del 4-M de 2021, el presidente castellanoleonés bendecido por la anterior dirección forzó unas elecciones en busca de una mayoría absoluta. El resultado del 13-F fue un rotundo fracaso: el PP cosechó el peor resultado de su historia en la región y cambió a un socio incómodo, Ciudadanos, por otro aún más. Feijóo, en su determinación de dar mayor autonomía a sus barones, se vio obligado a levantar el veto a lo que era hasta ese momento un tabú, gobernar con la extrema derecha.

Meses después, en las elecciones andaluzas, las primeras ya con el gallego al frente del PP, Juanma Moreno cosechó un éxito arrollador en Andalucía. Los populares no solo se hicieron con la mayoría absoluta sino que asestaron a Ferraz un duro golpe al obtener el peor resultado de su historia en el tradicional bastión socialista. La victoria de Moreno se convirtió desde entonces en el ejemplo a seguir y su discurso moderado en el contrapeso al estilo de Ayuso dentro del partido.

El presidente andaluz, Juanma Moreno, junto al líder del PP nacional, Alberto Núñez Feijóo

PARTIDO POPULAR _ El presidente andaluz, Juanma Moreno, junto al líder del PP nacional, Alberto Núñez Feijóo

Todas las encuestas, sin excepción, muestran, por ahora, que la única opción para que Feijóo alcance la Moncloa en las generales de finales del año que viene es que pueda sumar con Vox. Incluso los sondeos más optimistas otorgan al PP un colchón electoral de entre 140 y 150 escaños como máximo, muy lejos aún de la mayoría absoluta, lo que condena prácticamente a Feijóo a tener que pactar con los de Santiago Abascal, siempre y cuando salgan las sumas.

Consciente de ello, el líder gallego aspira a "ensanchar" las bases del PP, apelando al voto útil, abriendo las puertas a los restos de un Ciudadanos inmerso en un proceso de autodestrucción y ofreciendo un "proyecto sin etiquetas" capaz de atraer a socialistas desencantados con el sanchismo e incluso, como señaló la semana pasada, a votantes de Podemos que "se han sentido traicionados y defraudados" y del nacionalismo moderado que "observan con inquietud" la deriva del Gobierno.

Un inesperado balón de oxígeno por parte de Moncloa

Sin embargo, la recta final del año ha "regalado" al PP la oportunidad de revertir esta tendencia que reflejan las encuestas gracias a las polémicas decisiones y errores del Gobierno de coalición. El incesante goteo de revisiones a la baja de condenas a agresores sexuales - más de un centenar ya y una veintena de excarcelaciones - por la ley del 'solo sí es sí', el proyecto estrella de Irene Montero, y las concesiones de Sánchez a los independentistas -derogación del delito de sedición, la rebaja del delito de malversación y la oferta de devolver su escaño a los líderes del procés- se ha convertido en el combustible que necesitaban los populares de cara a las autonómicas y municipales de 2023, antesala del asalto a la Moncloa previsto para finales de diciembre del año que viene.

La bronca y la tensión que se ha instalado en los dos últimos meses en la política española, escenario en el que siempre se ha movido como pez en el agua Vox, también comienza a gustarle al PP, elevando el tono y las acusaciones. Un clima irrespirable en el Congreso y en el Senado, donde el PP ha aparcado la 'vía Moreno' emulando parte del discurso de Ayuso.

Fue la presidenta madrileña quien a finales de noviembre abrió la brecha denunciando el autoritarismo de Sánchez, al que llegó a comparar con el régimen nicaragüense de Daniel Ortega. "Vamos camino de una dictadura, sometidos por un tirano que pone en peligro el Estado de derecho", advirtió Ayuso en una dura comparecencia. Una tesis a la que se ha apuntado Génova, a cuenta de la reforma del Código Penal y del Poder Judicial del Gobierno con declaraciones como “El presidente más autoritario de la democracia española” (Feijóo) o la denuncia por parte de su número dos, Cuca Gamarra, de la "deriva autoritaria" de Sánchez.

Tras cerrar la puerta a la moción de censura que insistentemente plantean Vox apoyado por Cs, los de Feijóo han emprendido una ofensiva en las Cortes Generales, en los tribunales y en Europa para "defender los pilares de la democracia", a su juicio en peligro por la reforma 'a la carta' del Código Penal en beneficio de los independentistas, que no acaba de gustar tampoco en las propias filas socialistas, y por la reforma del Poder Judicial con la que el Gobierno quería sortear el bloqueo en la renovación del Tribunal Constitucional.  Precisamente, sobre este último asunto, el PP se anotó una importante victoria tras lograr con un recurso de amparo que el Constitucional bloqueara su tramitación en el Senado. Un verdadero golpe a los planes de Moncloa que sin embargo fue breve, ya que una semana después, este lunes, el propio Constitucional desactivó la proposición de ley que el PSOE iba a registrar para superar el bloqueo en su renovación al elegir por unanimidad a sus dos candidatos.

"Sánchez, escribe la peor página de la historia de la democracia. Si bien el Gobierno es legítimo por el resultado de las urnas, no es mínimamente legítimo ni razonable lo que está haciendo. Cuando se celebren las próximas generales esta pesadilla no quedará así porque los delitos volverán a ser delitos, atacar al Estado no saldrá gratis y se seguirá persiguiendo la corrupción", subrayó Feijóo la semana pasada tras conocerse la decisión del Constitucional. Unas declaraciones que apuntan a que, con este panorama y sin ningún tipo de interlocución entre el Gobierno y el principal partido de la oposición, el clima de tensión y enfrentamiento no puede más que escalar asentándose como  la 'nueva realidad' de la política española en un año tan electoral como será 2023.

Sobre el autor de esta publicación

Luis Villajos

Luis Villajos (Madrid, 1982) es subdirector de Republica.com. Lleva desde 2011, casi desde su fundación, trabajando en este diario. Su paso por diferentes puestos hasta el actual le confieren una amplia visión del funcionamiento de la redacción. Está especializado en información política, aunque también le interesan la actualidad internacional y los temas de denuncia social.