¿De qué hablamos cuando hablamos de educación sexual en la escuela?

Las críticas a este tipo de educación se debe a que algunas personas centran la sexualidad "en lo que se hace con los genitales y no al autoconocimiento del cuerpo, de los límites en el cuerpo"

El Colegio de Molina de Segura (Murcia) escolariza a cuatro niños ucranianos

EFEEl Colegio de Molina de Segura (Murcia) escolariza a cuatro niños ucranianos

Sexo, masturbación, orgasmo... palabras rotundas que incomodan a los padres a la hora de hablar con sus hijos porque guardan para ellos una connotación erótica inexistente para los pequeños, que se aproximan a la sexualidad y al conocimiento de su cuerpo con la misma curiosidad con la que exploran la naturaleza o aprenden a leer. La educación afectivo-sexual como parte de currículum escolar no está exenta de polémica y ha reaparecido en el debate político de la mano de la candidata de Vox a las elecciones andaluzas, Macarena Olona, que ha censurado que se hable de masturbación en los libros de texto.

Pero ¿de qué hablamos realmente cuando nos referimos a la educación afectivo-sexual en la escuela?

La pediatra Inés Merino define la sexualidad como una parte básica del autoconocimiento. "Tiene que ver con quién soy, cómo me siento, cómo me expreso, qué me gusta, qué me disgusta, cómo me vivo y me siento en este cuerpo cambiante, cómo me relaciono y me comunico conmigo y con el otro. Con cómo y a qué pongo límite".

En una entrevista con Efe, esta experta en educación emocional que imparte talleres y cursos de acompañamiento a familias, colegios y centros de salud, advierte de que en realidad, educamos en sexualidad tanto si hablamos de ello como si no, porque el silencio y el tabú también educa. "Cuando no hablamos del tema y en casa reina el silencio, el mensaje que reciben nuestros niños es: 'de este tema con mis padres no se habla'".

Educar desde el silencio o la naturalidad

Sabiendo esto, Merino se pregunta: ¿cómo queremos educar a nuestros niños? Desde el silencio o desde la naturalidad. Si queremos ser un referente para ellos en estos temas, es necesario que reine un clima de naturalidad respecto a este tema. Y afirma que no hay una edad concreta para empezar a hablar de sexo con los pequeños. "Siempre estamos educando".

Además, y frente al desconocimiento, apunta que la sexualidad infantil no es como la adulta. "En la infancia no hay significado erótico. Eso pertenece al mundo adulto" y las conductas sexuales en esta etapa infantil responden a la curiosidad innata de los niños, a sus ganas de descubrirse y de descubrir al otro.

Por eso, subraya la importancia de que los padres, como adultos, cuando acompañen esas conductas sexuales, no lo hagan desde la mirada e interpretación adulta porque el significado es distinto. El cambio en esta percepción no se produce hasta la pubertad, con la aparición de las hormonas sexuales y los cambios a nivel cerebral.

Considera que las críticas a que este tipo de educación forme parte del currículum escolar se debe a que algunas personas centran la sexualidad "en lo que se hace con los genitales y no al autoconocimiento del cuerpo, de las partes íntimas, de los límites en el cuerpo".

Y en cuanto a las reticencias que presentan algunos padres, Merino entiende que a los adultos de hoy no nos han educado en sexualidad. "No tenemos referentes. Debemos ir construyendo desde la nada y esto no es fácil". Además -reconoce- hay miedos. "Miedo a contar demasiado y traumatizar. Miedo a 'dar ideas'".

Sin embargo, concluye que los estudios sobre el tema señalan que no hay evidencia de que la educación sexual incite a la práctica o que ésta se inicie antes. "Todo lo contrario. La información es protección", argumenta. Protección, por ejemplo, frente a los abusos sexuales en la infancia.

Educación sexual para prevenir abusos

Un reciente estudio de Save the Children ha alertado de que la violencia sexual hacia la infancia y adolescencia ha aumentado un 71,1 % en diez años y ha pasado de 3.322 denuncias interpuestas por este motivo en 2010 a 5.685 en 2020.

Además, esta ONG ha recordado en su informe que la educación afectivo-sexual desde edades tempranas ayudaría a reducir a la mitad los casos y ha subrayado la necesidad de impartir en las escuelas educación afectivo sexual, tal y como recoge la Ley de Infancia.

Una educación que no debe quedarse solo en el ámbito escolar, sino también extrapolarla a otros ámbitos como el familiar y sanitario, según Save the Children, que recuerda que en España la mitad de los adolescentes ha recibido en los últimos 2 años entre 1 y 4 horas de formación sobre educación sexual.

Según Merino, "debemos realizar prevención de abusos sexuales no tanto desde el generar miedos a nuestros niños, sino desde el autoconocimiento, el saber qué conductas son adecuadas y permitidas y cuáles son violencia".

Y esto -continúa- se aprende aprovechando las múltiples oportunidades que surgen en el día a día de nuestros niños. "Aprovechamos esas oportunidades para darles información de calidad que les protege, porque el silencio, en cambio, desprotege, les deja solos".

Como ejemplo, el momento del baño. "Cuando nombramos y damos un lugar y una función a los genitales. Nombrar la vulva, el clítoris, la vagina, el pene, los testículos, en lugar de utilizar eufemismos, es hacer prevención de abusos sexuales".

Aprovechar cualquier conducta sexual de nuestros hijos o escenas de dibujos o cuentos para nombrar, dar significado y valor a términos como son la intimidad, el consentimiento, la palabra "no" y explicar qué es violencia y qué no lo es, también es hacer prevención de abusos sexuales.

Y es que muchos de los abusos proceden de gente cercana, de confianza, de familiares de los niños y si no saben que estas conductas son violencia, no pedirán ayuda.

Un cerebro vacío que se va llenando de información

Merino destaca la importancia de la educación afectivo-sexual en la infancia y sugiere la visualización de una imagen, la de un cerebro lleno de cajones.

"Nacemos con un cerebro lleno de cajones vacíos, uno de ellos es el de la sexualidad. Este cajón se va a ir llenando de información. ¿Qué tipo de información quiero que forme parte del cajón de mi hijo? Porque este cajón se va a llenar sí o sí", advierte.

Este compartimento -explica- se llenará de todo lo que vaya recibiendo del entorno. "Se llenará de los mitos del amor romántico y también del porno".

Y si cuando llegue toda esta información "el cajón del niño está ya lleno de la información de calidad que nosotros como sus adultos referentes hemos llenado, tendrán suficiente pensamiento crítico para saber qué información dejan en el cajón y cuál quitan", afirma.

Sobre el autor de esta publicación