Asesinato de Samuel: Manifestación LGTBI en A Coruña

EFEManifestación LGTBI en A Coruña en repulsa por el asesinato de SamuelManifestación LGTBI en A Coruña en repulsa por el asesinato de Samuel

La lacra del odio al colectivo LGTBI

Radiografía de la LGTBIfobia un año después del asesinato de Samuel Luiz

Crecen los delitos de odio contra el colectivo LGTBI, pero también su visibilidad y resiliencia. Es la paradoja de España, uno de los países más tolerantes del mundo con la diversidad sexual

Su asesinato no ocurrió en Nigeria, ni en Arabia Saudí ni en ninguno de los más de 70 países que criminalizan la homosexualidad y donde las personas LGTBI son discriminadas, perseguidas o víctimas de una violencia homofóbica que, incluso, les cuesta la vida. Tuvo lugar en España, considerado uno de los países más tolerantes del mundo en relación a la diversidad sexual según todas las encuestas e índices, y en medio de la Semana del Orgullo LGTBI. Al grito de “maricón de mierda”, el joven Samuel Luiz fue linchado hasta la muerte por una turba de desalmados en la ciudad de A Coruña la madrugada del 3 de julio de 2021. Su asesinato consternó a España y parte de la sociedad se levantó contra la lacra de la LGTBIfobia, poniendo el foco en el aumento de las agresiones contra este colectivo.

Samu, como era conocido entre sus amigos, trabajaba como auxiliar de enfermería en una residencia de ancianos donde era muy querido entre los usuarios. Allí, experimentó en primera línea durante un año y medio la dureza de la pandemia de COVID-19, mientras seguía compaginando este trabajo con sus estudios de protésico dental. Entre tantas horas de esfuerzo y presión a la que había estado sometido, el joven sanitario encontró un hueco para disfrutar de una noche de verano junto a unas amigas en uno de los locales de moda que hay en el paseo marítimo de la playa de Riazor. Quería ser uno más de los cientos de jóvenes que habían vuelto a llenar los pubs de la ciudad tras la reapertura del ocio nocturno en Galicia después de quince meses de parón por el coronavirus.

Al filo de las tres de la madrugada, el joven de 24 años de origen brasileño salió junto a una amiga del local para fumar y aprovechar a hacer una videollamada desde el móvil a otra amiga. Y, en ese momento, es cuando Samuel Luiz se topó con el odio y la intolerancia. Un joven que iba con su novia creyó que le estaba grabando y se lo recriminó. El propio Samuel y su amiga intentaron explicarle que se trataba de un malentendido, pero sin atender a sus explicaciones éste le amenazó: “O paras de grabar, o te mato, maricón”. Samuel, quien nunca había ocultado su orientación sexual aunque nunca lo había hablado en casa, solo pudo contestar “¿maricón de qué?” antes de recibir un puñetazo en la cara.

Sus agresores actuaron como una 'jauría humana' hasta su muerte

A partir de ahí, lo que ya casi toda España descubrió estremecida a los pocos días. Seis largos minutos de puñetazos y patadas, primero por un solo agresor y, más tarde, por un grupo más amplio de hasta 12 personas, quienes entre todos actuaron como una 'jauría humana' que lo persiguió durante 250 metros hasta lograr acorralarlo y propinarle una brutal paliza que dejó inconsciente a Samuel, al grito de “maricón de mierda”, según apuntaron varios testigos. La investigación policial también subraya en el sumario el ensañamiento en este crimen: al menos cuatro de sus agresores estuvieron pateándolo, sobre todo en la cabeza, hasta que dejó de moverse. Samuel murió a las pocas horas en el Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña.

Foto de Samuel Luiz publicada en sus redes

Ha pasado un año de aquella fatídica madrugada de verano y aún queda por determinar si existió el móvil homófobo en la agresión, pese a que los agentes ya recopilaron varios testimonios que dan fe de que alguno de los agresores que apaleaba a Samuel se refería a él como “maricón”. La asociación ALAS Coruña se ha presentado como acusación popular para defender que, efectivamente, hubo un agravante en el ataque mortal a Samuel por su condición sexual. Por el momento, sigue sin haber fecha del juicio, aunque dos menores implicados en la pelea ya aceptaron una condena por asesinato. Los otros cinco detenidos, tres de ellos en prisión provisional, están pendientes de la instrucción, que sigue abierta a la espera de que la Policía analice los mensajes de WhatsApp borrados por los presuntos asesinos de Samuel tras el salvaje crimen, a los que ha logrado tener acceso esta misma semana tras la autorización de EEUU.

Crece el miedo

El asesinato homófobo de Samuel desató en los días siguientes una ola de indignación por toda España. Los actos de repulsa y consternación, pero también de solidaridad, se sucedieron por muchas ciudades para decir basta a la violencia lgbtifóbica y a determinados discursos de odio que son la antesala de este tipo de agresiones.

EFE | Miles de personas arroparon a los amigos de Samuel en una concentración en A Coruña

Gran parte del colectivo LGTBI se sintió abatido y preocupado, algunos de ellos alarmados, ante un crimen tan execrable y ante un goteo incesante de ataques y actos que han dejado un reguero de víctimas cuyos rostros son los de Samuel, pero también el de Ekin, un joven de Basauri que recibió una brutal paliza que le dejó inconsciente por parte de 13 jóvenes al grito de “maricón de mierda”; o el de Ángel, un joven de Valencia al que en la pasada Semana Santa le rompieron la nariz en mitad de una discoteca mientras le gritaban “puto maricón, la gente como tú se tiene que morir”. También lo es el rostro de inmigrantes y refugiados como es el caso de la hondureña Arely Victoria, quien ya ha sufrido tres palizas desde que llegó a España por el hecho de ser una mujer trans.

Estos ataques son la cara más cruel del odio hacia el colectivo LGTBI. Pero más allá de las agresiones verbales o físicas, prácticamente todo el colectivo ha padecido en primera persona diferentes manifestaciones de la LGTBIfobia y un constante miedo a ser agredido.

Tras la muerte de Samuel, el miedo a resultar víctima de un ataque homófobo creció considerablemente. Hasta un 90% de las personas LGTBI ha reconocido que teme ser agredida, según datos recogidos en la Encuesta sobre Delitos de Odio de 2021 del Ministerio del Interior.

Hasta un 90% de las personas LGTBI teme ser agredida

“A raíz del asesinato de Samuel, subieron mucho los niveles de ansiedad en la población LGTBI en general. Un fenómeno que ya ocurrió, por ejemplo, en Estados Unidos cuando ganó Trump. Tras su triunfo, la comunidad LGTBI empezó a presentar más problemas de ansiedad, acudían más personas a sus psicólogos para pedir ayuda. Es lógico que nos alarmemos cuando la amenaza sobrevuela nuestras vidas”, asegura a Republica.com Gabriel J. Martín, pionero en la psicología afirmativa gay en el mundo hispano y que desde hace casi 15 años atiende en su consulta a hombres homosexuales de todos los países del mundo a través de videoconferencias.

Martín asegura que él mismo ha percibido en su consulta un clima de ansiedad en muchas personas que no fueron capaces de soportar la enorme difusión del asesinato de Samuel en medios de comunicación y en redes sociales. “Todos estábamos mucho más sensibles y he notado que los pacientes estaban todos muy alterados”, cuenta el psicólogo.

A este miedo, habitual y comprensible ante determinados hechos que tienen como protagonistas a la comunidad LGBTI, hay que sumar también otros ‘compañeros de viaje’ en la vida de estas personas. Entre ellos, el temor y la vergüenza a mostrarse tal y como uno es y siente, y que con mucha frecuencia han mantenido encerrados en el armario a muchas personas. De hecho, el odio que emana del intolerante ha llevado a muchas personas del colectivo a no atreverse nunca a darse la mano en público o besarse en la calle. No es de extrañar que muchas personas LGTBI, en algún momento de sus vidas, hayan tenido que lidiar con la tristeza, la soledad, el rechazo, el acoso, las injurias, el trato degradante, la propia homofobia interiorizada y discriminaciones de todo tipo por su orientación sexual o su identidad de género.

En definitiva, un conjunto de adversidades comunes en todo el colectivo que no ha tenido que afrontar una persona heterosexual por el hecho de tener esta condición. Por todo ello, el lema escogido este año para la manifestación del Orgullo 2022 en Madrid es ‘Frente al odio: Visibilidad, Orgullo y Resiliencia’, un lema con el que el movimiento LGBTI quiere dejar claro que no piensa dar ni un paso atrás frente al odio y el repunte de los discursos que desprecian al colectivo, después de recorrer un largo y arduo camino hacia la igualdad. Porque más que nunca lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales quieren seguir ondeando con orgullo la bandera arcoíris como un símbolo de la conquista de derechos adquiridos.

Los datos del odio

El asesinato de Samuel ha reactivado las alertas de las asociaciones LGTBI frente a este repunte de las agresiones, aunque esta tendencia ya se venía observando antes de su crimen. Los datos son muy reveladores. Cada vez hay más delitos de odio por orientación sexual o identidad de género. Según datos del Ministerio del Interior, entre 2015 y 2020, las agresiones lgtbifóbicas se dispararon un 63,91% (de 169 a 277 en cinco años). Actualmente, es la tercera causa de delito de odio en toda España, solo por detrás de los motivos xenófobos y los ideológicos, según las estadísticas de criminalidad del Ministerio del Interior.

Ya con datos publicados en 2022 y a la espera de las cifras a nivel estatal, algunos observatorios autonómicos coinciden en su diagnóstico: la tendencia al alza de estos incidentes en el último año. En el caso de Cataluña, el Observatori contra l’Homofòbia (OCH) ha contabilizado 284 incidencias o actos lgtbifóbicos en 2021, un 50% más que el año anterior. No obstante, solo una tercera parte acaban en denuncias. También ha constatado que en los primeros seis meses de 2022 se ha registrado un aumento del 34% de estos incidentes con respecto al mismo periodo del año anterior.

"Estamos institucionalizando discursos de odio como si fueran libertad de expresión"

La incidencia también ha repuntado en Andalucía. Según datos del Observatorio contra la Homofobia, Bifobia y Transfobia en esta comunidad, se han contabilizado 367 incidencias contra los derechos de estas personas en 2021. Su director, Antonio Ferre, subraya en declaraciones a Republica.com que también se ha producido un aumento del acoso escolar por motivos de orientación sexual, y, sobre todo, un repunte del discurso de odio de hasta el 8%, respecto al año anterior, lo que ha disparado sus alarmas. “Estamos institucionalizando y legitimizando determinados discursos de odio como si fueran libertad de expresión, y eso no se puede permitir, tiene que ser perseguido y castigado”, advierte el también presidente de Andalucía Diversa.

Pese a los grandes avances logrados en España en las últimas décadas, todas las entidades advierten del peligro de la ofensiva ultraconservadora contra los derechos LGTBI. La irrupción de determinadas fuerzas políticas y su mayor presencia en las instituciones e incluso ya en gobiernos regionales está provocando una regresión democrática que debe ser combatida por toda la sociedad española.

Desde el Observatori contra l’Homofòbia de Catalunya este retroceso en la protección legal de las personas LGTBI está íntimamente ligado a la tendencia al alza de incidentes de odio, lo que les reflexionar si se trata de una probable “violencia estructural” que cambia de contexto “pero que va a más”. En declaraciones recogidas por la Agencia EFE el pasado sábado con motivo del Pride! De Barcelona, el presidente de OCH, Eugeni Rodríguez, advirtió de que existe una “extrema derecha legitimizada” que promueve un “discurso del odio sin vergüenza” y que pretende incluso “prohibir” los derechos del colectivo LGTBI. Por lo que pidió “políticas públicas fuertes” para frenar esta situación y “sobre todo, prevención”, especialmente en el ámbito educativo. “Hay que hacer esfuerzos desde la educación para que no se elija el camino del odio”, reclamaba.

En la radiografía del Observatorio Andaluz sobre esta realidad también queda demostrado que 2021 estuvo marcado por un fuerte incremento de los ataques contra las personas del colectivo trans. Casi se han triplicado los casos en los que la transfobia es la motivación de incidente, con un 28% en 2021 frente al 10% en 2020. Un dato muy preocupante que Ferre vincula a los posicionamientos de la extrema derecha, pero también a la postura de ciertos colectivos excluyentes dentro del feminismo y que no contribuyen a rebajar estas cifras. “Debemos apoyar el feminismo incluyente, debemos unirnos para evitar la exclusión de las personas trans”, subraya.

La infradenuncia evidencia un "abismo"

Las asociaciones LGTBI aseguran que los ataques verbales o físicos son mucho más numerosos, es tan solo la punta del iceberg porque aún existen muchas resistencias a la denuncia por falta de confianza en el sistema (policial y/o judicial) y porque creen que no sirve para nada, por miedo a declararse públicamente como LGTBI o porque no son conscientes de haber sido víctimas de un hecho denunciable. “Hay que fomentar la denuncia para que se mejoren los protocolos y fomentar, sobre todo, la educación emocional y la educación en valores, dejando a las asociaciones entrar en los centros educativos para hablar de esta realidad”, señala Antonio Ferre.

Y es que, según datos de 2020 recabados por el Ministerio del Interior, el número de denuncias que se reportan a la policía son una ínfima parte de la cantidad de agresiones existentes que no se denuncian: solo una de cada diez personas agredidas por delitos de odio por LGTBIfobia acaba acudiendo a una comisaría a interponer una denuncia. La Agencia Europea para los Derechos Fundamentales también aporta datos similares y solo llegó a denunciar una de cada diez víctimas de este tipo de delitos en la Unión Europea, por lo que se desconoce realmente la gravedad de esta problemática.

Todo pasa por la educación y la prevención. Y es una tarea de toda la sociedad, desde los gobernantes a las distintas fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, pasando por jueces, medios de comunicación y centros educativos. Para atender correctamente a las víctimas de la LGTBIfobia es imprescindible promover la formación de la Policía y la Guardia Civil en materia de prevención y atención a las víctimas. Son necesarias las campañas de sensibilización para reducir la infradenuncia y, a la larga, los delitos de odio.

Solo se denuncia una de cada diez agresiones por LGTBIfobia

Con este objetivo trabaja ya desde hace seis años LGTBIPol – Agentes de la Autoridad por la Diversidad. Aunque en su origen nació para dar visibilidad al colectivo LGBTI que hay dentro de las fuerzas y cuerpos de seguridad, esta asociación trabaja principalmente para mostrar al colectivo que pueden depositar su confianza a la hora de acudir a una comisaría para interponer una denuncia y así reducir la infradenuncia en este tipo de delitos de odio.

Gran parte de esta infradenuncia radica en que hay una especie de abismo entre el colectivo y la Policía. Por ello, la única forma de solucionarlo es generar confianza en la ciudadanía para que vaya a denunciar, al mismo tiempo que impartir una formación efectiva a los agentes que van a recepcionar esa denuncia”, asegura a Republica.com Rufino Arco, miembro de la Junta Directiva de LGTBIPol, quien considera que sus compañeros y compañeras de la Policía deben dar un trato “de excelencia” con las personas que denuncian o al menos que sea “agradable y lo más cercano posible”.

Desde 2014 existe un protocolo de actuación para fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en casos de delitos de odio. Dicho protocolo dice que con que haya un único indicio que pueda apuntar a un posible delito de odio se debe empezar a llevar la investigación por ese camino, aunque luego éste no resulte como tal. Arco subraya que es importante que las personas que sufren esos incidentes lo sepan para que cuando lleguen a la comisaría lo sepan exponer. “Lo ideal es que todos los agentes conozcan el protocolo y lo apliquen correctamente, pero la realidad es que hay lugares donde no lo conocen y no lo aplican”, señala el agente miembro de LGBTIPol, quien recuerda que existen comandancias de algún pueblo que probablemente es la primera vez que se enfrentan a ello. “Al final todos ganamos si la denuncia acaba registrándose como tal”, añade.

LGTBIPol | Miembros de LGTBIPol en una marcha del Orgullo de Madrid

De ahí el cometido de LGTBIPol impartiendo cursos y talleres de formación y sensibilización dentro de los cuerpos de seguridad, sobre todo en corporaciones locales y municipales, aunque a nivel estatal, en Policía Nacional y Guardia Civil, también ha hecho alguna formación cuando se ha desarrollado a través de la Secretaría de Estado de Seguridad. Pero no solo queda ahí su cometido. También acuden a los centros escolares para hablar de la diversidad afectivo-sexual, del bullyng y de los delitos de odio.

Ante este grave problema de infradenuncia, las entidades y los Observatorios contra la LGTBIfobia urgen a las administraciones a dotarlos de más recursos, centros de atención, profesionales y para que las víctimas sepan dónde acudir. “No solo hay que difundirlo a través de las redes sociales, es crucial denunciar para que los posibles agredidos sepan el Estatuto de las Víctimas”, apostilla Antonio Ferre. Y porque denunciando una agresión lgtbifóbica se suele destapar otra, como apuntan muchos expertos.

El perfil del agresor

Las agresiones contra el colectivo LGTBI suelen cumplir un mismo patrón, según han analizado varios Observatorios contra la LGTBIfobia. La mayoría de estos ataques tienen lugar en la vía pública por la noche durante los fines de semana, a la salida y vuelta a casa de los locales de ambiente. “Los chicos gays lo sufren más cuando son más visibles y se produce algún incidente de plumofobia, al igual que ocurre con las mujeres trans por el hecho de ser más visibles también”, señala Rufino Arco.

El agresor de este tipo de delito de odio tiene un perfil muy determinado: es varón (hasta el 91% de los autores que perpetran estos actos son hombres) y suele actuar principalmente en ‘manadas’ de dos o más personas, según el informe sobre la evolución de los delitos de odio realizado por la Oficina Nacional de Lucha contra los Crímenes de Odio.

Como señala Gabriel J. Martín en su libro Quiérete mucho, maricón, España no es un país homófobo, la homofobia en líneas generales ha sido erradicada. Sin embargo, aún quedan determinados perfiles que aún siguen siendo homófobos, “restos de una sociedad que ya ha desaparecido”. Según este psicólogo, la homofobia es “violencia ejercida por gente irracional y con un pensamiento poco flexible, personas inseguras o frustradas que en un intento de compensar su autoestima buscan otros colectivos a los que discriminar, buscan victimas fáciles”.

Resiliencia, una esperanza para el futuro

El colectivo LGBTI es resiliente por naturaleza. El de ahora y el de siempre. Conserva la misma fuerza que le ha hecho resistir en más de una ocasión y mira hacia el futuro con esperanza. Por ello, ante el miedo y el odio, mayor visibilidad y mayor resiliencia. Y mucho orgullo. El que nunca debe faltar. Como el que no faltará en el Orgullo de Madrid de este año cuyo lema precisamente apuesta por ello más que nunca. Porque como un ave fénix, lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales son capaces de resurgir una y otra vez de entre sus cenizas.

"Hay algo más fuerte que todo el trauma, nuestra resiliencia"

Muchas vidas LGTBI se han visto marcadas por el odio, el rechazo y la discriminación. Y algunas, truncadas trágicamente como la de Samuel. Pero serán capaces de resistir una vez más las embestidas de los extremistas y los fanáticos. Lucharán por mantener sus derechos, los mismos que tiene cualquier persona heterosexual por el mero hecho de serlo. Y seguirán contribuyendo a construir un futuro mejor, donde impere la igualdad total y el odio y la intolerancia queden arrinconados, cuando no reducidos a la marginalidad.

Un gran defensor de esta capacidad de resiliencia del colectivo es Gabriel J. Martín, no en vano su último libro se titula Gaynteligencia emocional, más resilientes de lo que pensamos. Para el pionero de la psicología gay afirmativa en el mundo hispano no hay dudas: "Hay algo más fuerte que todo el trauma y el dolor pasado, nuestra resiliencia".

Y es que como explica a Republica.com, las personas LGTBI son “el ejemplo paradigmático de que se puede ser resilientes a la vez que se acusan las secuelas del trauma”. “Resulta admirable que un colectivo que ha estado siempre castigado, incluso al borde del genocidio, hayamos conseguido, en apenas 50 años, no solo sobrevivir y mantener unas vidas funcionales sino además crear familias, entornos seguros y cambiar leyes después de una movilización política y social, hemos conseguido vencer en un gran número de países siglos y siglos de discriminación”, subraya.

EUROPA PRESS | Varios cientos de personas participan en una manifestación LGTBI en Bilbao

A juicio de este profesional, las claves para cimentar una buena resiliencia y dejar atrás las huellas del trauma son el sentimiento de grupo, ser capaces de tener una identidad LGTBI positiva y rebelarse contra las injusticias.

“Cuando empezamos a darnos cuenta de que somos exactamente igual que el resto, de que no tenemos ninguna tara, enfermedad, defecto, ningún nada y que en base a una mentira se ha justificado un trato desigual y un maltrato manifiesto, ese sentimiento de injusticia de no voy a consentir que hagan más esto conmigo, nos lleva a despojarnos de todo el estigma y los prejuicios de nosotros mismos hemos interiorizado, a ponernos en pie y rebelarnos y luchar, y todo ello explica buena parte de todo lo que hemos conseguido el colectivo y lo que ha sucedido en España y otros países”, subraya Gabriel J. Martín. “Nuestra resiliencia y todo lo logrado gracias a ella es verdaderamente admirable”.

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