19-J: ¿Qué fuerza tiene Vox en Andalucía para mantener su idilio con las urnas?

El partido ultra aspira a seguir creciendo en esta comunidad y como ‘mínimo' necesita afianzarse en los feudos que le auparon en 2018. Su 'cinturón verde' a lo largo de la costa y los municipios con altas tasas de paro y una marcada presencia de inmigración serán clave para poder erigirse en el socio imprescindible de Moreno

Macarena Olona y Juanma Moreno

EFEMacarena Olona y Juanma Moreno

Acto de campaña en Andalucía con Santiago Abascal y Macarena Olona“Vox es imparable”. Este es el mantra que en las últimas semanas no se cansa de repetir una y otra vez el partido de ultraderecha de cara a los comicios del próximo 19 de junio en Andalucía. La misma comunidad en la que se estrenó en 2018 al pulverizar todos los pronósticos y entrar por primera vez en un Parlamento regional. Ahora, casi cuatro años después, las cosas son muy distintas. Sin tocar aún su techo electoral y tras acceder a su primer Ejecutivo autonómico, en Castilla y León, el partido de Santiago Abascal, con su mejor candidata posible, Macarana Olona, llega a estas elecciones pisando fuerte y con un órdago en toda regla a Juanma Moreno: solo gobernará si les abre las puertas de la Junta.

Vox vuelve el 19-J al escenario donde comenzó su idilio con las urnas. Las elecciones del 2 de diciembre de 2018 en Andalucía fueron su primer hito relevante como partido desde su fundación en diciembre de 2013. Fue la gran sorpresa de unos comicios en los que, de una vez por todas, puso fin a años de sinsabores electorales.

Primeros años en la irrelevancia política

Su ‘bautismo’ en las urnas se produjo en las Elecciones Europeas de 2014, en las que con el expopular Alejo Vidal-Quadras al frente obtuvo 246.833 votos, quedándose fuera del Parlamento Europeo. En España tampoco le fue mucho mejor. La extrema derecha encadenó varios fracasos estrepitosos desde su primera comparecencia, precisamente, en los comicios andaluces de marzo de 2015, donde apenas obtuvo 18.000 votos, un 0,45% del total, que situaron a Vox como novena fuerza del arco parlamentario andaluz.

El partido ultra fue ignorado una vez más en la siguiente cita electoral. Las autonómicas de mayo de 2015 volvieron a dejar a Vox en la irrelevancia política tras lograr un nuevo fiasco en las nueve comunidades autónomas en las que concurrió.

Tampoco supo aprovechar las Elecciones Generales de diciembre de 2015, en las que el bipartidismo llegaba amenazado seriamente por la irrupción de nuevos partidos como Podemos y Ciudadanos. Sin noticias de la ultraderecha en aquella noche electoral y tercera debacle consecutiva en poco menos de un año: solo logró 57.700 papeletas en toda España, un 0,23% del electorado, pese a haber presentado candidatura hasta en 31 circunscripciones.

España respiraba aliviada ante los ‘ninguneos’ de las urnas a Vox y miraba con distancia los éxitos de sus ‘hermanos’ de la extrema derecha en Europa. Era el único país de su entorno donde la ultraderecha no tenía cabida en las instituciones. Mientras, en el resto del Viejo Continente, la derecha radical avanzaba con paso firme. En Francia, el Frente Nacional de Marine Le Pen le disputaba en segunda vuelta la presidencia de la República a Emmanuel Macron; en Alemania, la derecha radical de Alternativa por Alemania irrumpía con fuerza en el Bundestag; en Italia o en Austria entraban incluso a formar parte de gobiernos de coalición, y en países como Hungría la extrema derecha gobernaba desde 2010.

Sin embargo, las mismas urnas que habían decidido cerrar a cal y canto el paso de la extrema derecha en las instituciones españolas, comenzarían a serle más favorables en los comicios que estaban por llegar.

2017 fue el año en el que se produce un punto de inflexión para Vox. Empieza a estrechar lazos con la derecha radical europea y establece fuertes vínculos con el ideólogo del 'trumpismo', Steve Bannon. Estos contactos tuvieron lugar poco antes de que la ultraderecha española despegase en las urnas, al menos así lo reconoció el ex jefe de campaña de Donald Trump tras reunirse con Vox en España para darle asesoramiento, en una de las paradas de su gira europea con la extrema derecha en el verano de 2017 y en la que ya auguró un gran futuro a la formación que lidera Santiago Abascal.

La campaña de Trump y las que protagonizaría Vox están repletas de similitudes, con grandes dosis de populismo y xenofobia, una destacada presencia en las redes sociales y con un uso temerario y sin complejos de determinados argumentos e ideas, a caballo entre el extremismo y las 'fake news'. Incluso el lema ‘America First’, que tan hondo caló en buena parte del electorado estadounidense, fue copiado por Vox con su eslogan ‘España, lo primero’.

El desafío soberanista, trampolín de Vox

Vox fue adquiriendo cada vez más presencia en España gracias al papel que desempeñó ante el polvorín catalán durante el año 2017. Su duro posicionamiento en contra del independentismo y su participación activa en el ámbito judicial, presentando varias querellas criminales contra los líderes del 'procés', le confieren notoriedad en parte de una ciudadanía que veía con preocupación la situación generada en Cataluña a raíz del desafío soberanista. El partido de extrema derecha, consciente de que sacaba rédito electoral de su virulento choque con el separatismo, no duda en personarse como acusación particular en el juicio del 1-O, convirtiéndose en el mejor escaparate político para el partido ultra de cara a las citas electorales que estaban al caer.

Todos estos factores dieron alas a Vox en su intento por alcanzar las instituciones, hasta llegar al multitudinario acto en Vistalegre del 7 de octubre de 2018, donde exhibió músculo ante más de 10.000 personas con la mirada puesta en las elecciones andaluzas que se celebrarían en poco menos de dos meses. Fue su desembarco en la política nacional y donde desplegó los principales ejes de su proyecto político como, entre otros, derogar la Ley de Violencia de Género, luchar contra la inmigración, liquidar el Estado autonómico, al que consideraba el "cáncer" de España, o frenar el desafío soberanista en Cataluña. Erigiéndose como la ‘resistencia’ frente a la ‘derechita cobarde’ (PP), la ‘veleta naranja’ (Cs), los ‘estafadores’ y ‘traidores’ (PSOE) y los comunistas (Podemos).

Acto de Vox en Vistalegre

Pese a acaparar durante semanas la atención mediática, muchos expertos se apresuraron en señalar que la extrema derecha tenía escasas posibilidades de crecimiento en España. Nada más lejos de la realidad. La noche del 2 de diciembre de 2018 se consumaba la sorpresa en los comicios autonómicos de Andalucía y Vox irrumpía por primera vez en un Parlamento autonómico al sumar 12 escaños y 395.978 votos, un 10,96% de los sufragios, al mismo tiempo que se erigía en un actor clave en el cambio de rumbo político en la comunidad al dar su apoyo a un Gobierno de coalición de PP y Ciudadanos, con la consiguiente salida de los socialistas del Palacio de San Telmo por primera vez en 37 años. Era el inicio de la ansiada 'reconquista' por parte de Vox. España dejaba de ser la excepción europea: la extrema derecha había llegado para quedarse.

Quién votó a Vox en Andalucía en 2018

El fulgurante éxito electoral de Vox hace cuatro años en Andalucía se debe en buena parte a uno de los rasgos que caracteriza a la derecha radical en Europa: su capacidad para atraer a votantes transversales. Su fuerza populista logró capitalizar el descontento de muchos andaluces y seducir a votantes de todo tipo, incluso a los que se situaban en sus antípodas ideológicas. El barómetro que realizó el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) tras los comicios andaluces de 2018 revela que la mayor parte del electorado procedía del PP, un 54,2%, y solo un 2,7% había optado por Vox en citas electorales anteriores. Pero también se produjo un importante trasvase de votos desde Ciudadanos (un 23,7%), el PSOE (un 6,5%) y Unidas Podemos (un 3,7%). En total, uno de cada diez andaluces (un 10,2%) que votó a la extrema derecha lo había hecho anteriormente a la izquierda.

El perfil medio del votante de Vox, según aquel barómetro, era el de un hombre blanco nacido en Andalucía, católico y de una edad comprendida entre los 25 y los 54 años. Hasta un 75% de sus votantes (hombres y mujeres) se encontraba en estos rangos de edad. Sin embargo, no cuajó entre los jóvenes de entre 18 y 24 años (un nicho que explotaría más adelante en las generales de 2019) ni entre los mayores de 55. El simpatizante era en gran medida de clase obrera, un 34,8%, y hasta un 17,8% de los votantes que se decantó por Vox estaba parado (más que en ningún otro de sus rivales políticos). También fue el partido que congregó a un mayor número de votantes que habían mostrado interés o preocupación por el empleo, la inmigración y la seguridad ciudadana.

Vox sacudió el mapa político andaluz. 'La reconquista de Vox comenzará en tierras andaluzas', fue el lema del partido de Abascal para estos comicios y así fue. Todos los sondeos, que le daban entre uno y cinco diputados, erraron en sus pronósticos. Ni los más optimistas esperaban que se alzara con casi 400.000 votos.

Santiago Abascal, José Ortega Smith y Alfonso Serrano, en un acto electroral de 2018

La extrema derecha se las prometía muy felices en las Generales de abril de 2019. Sin embargo, Vox se quedó lejos de sus expectativas al irrumpir en el Congreso con 24 escaños y recibir el apoyo de 2,6 millones votantes. En las autonómicas y municipales del mes de mayo, la formación ultra también cosechó unos resultados discretos. En Andalucía, concretamente, sumó 104 concejales y recibió más de 125.000 votos, el 3,24%, aunque solo se presentó en 156 municipios. Obtuvo, sin embargo, unos más que dignos resultados en algunas localidades, sobre todo en la provincia de Almería, como es el caso de El Ejido, donde se erigió como segunda fuerza tras el PP, aglutinando el 24,76% de los votos.

El 10-N apuntala el fortalecimiento de Vox

Vox se desata en la repetición electoral de las Generales el 10-N y recupera la tendencia alcista de los comicios andaluces de 2018. Andalucía, junto a Murcia y la Comunidad de Madrid, se convierten en los grandes caladeros de votos de la formación ultra para lograr unos resultados espectaculares que le llevaron a sumar 52 escaños en toda España. En el caso andaluz, gana casi medio millón de sufragios respecto a las autonómicas del 2-D, al pasar de 395.000 votos a 869.000, aportando un nada desdeñable puñado de diputados, hasta 12.

El 10-N es la última cita electoral en la que los andaluces acudieron a unas urnas que consolidaron a Vox como tercera fuerza en esta autonomía, con el 20,61% de los votos, y pisándole los talones al PP, que obtuvo el 20,78%. Apenas 7.000 votos separaron a ambos partidos, lo que revela la cruenta batalla que libraron en Andalucía. La derecha radical se convirtió en la segunda fuerza, solo por detrás del PSOE, en las provincias de Almería (26,93%), Cádiz (21,62%), Huelva (21,22%) y Sevilla (18,16%). En Málaga, se quedó solo a 969 papeletas de los populares. Además, ganó en 34 poblaciones andaluzas, siendo la primera fuerza política en 13 municipios de más de 20.000 habitantes y cosechando triunfos incontestables en localidades como El Ejido (Almería), Algeciras (Cádiz), Estepona (Málaga) o Roquetas de Mar (Almería).

Así las cosas, Vox se afianzó en la costa mediterránea de Andalucía, desde la provincia de Huelva hasta la de Almería y, principalmente, en localidades turísticas y municipios con altas tasas de paro y una marcada presencia de inmigración irregular. Este 'cinturón verde' se convierte en su principal nicho de votos, donde cala especialmente su discurso xenófobo y antiinmigración.

Vox llega al 19-J sin techo electoral

Vox afronta el 19-J con altas expectativas. Su auge en las últimas citas electorales ha insuflado optimismo y ambición en las filas del partido ultraconservador. Hablan incluso del millón de votos y comparecen con la esperanza de poder forzar el futuro gobierno regional mediante una coalición con el PP, similar a la sellada en Castilla y León. Todas las encuestas sobre intención de voto le auguran un crecimiento espectacular de hasta 20 escaños y le sitúan como tercera fuerza.

El último barómetro publicado por el CIS también apunta en la misma dirección y le otorga una horquilla de entre 17 y 21 escaños y un 15,3% de los votos, por detrás del PP (35,6%) y el PSOE-A (25,2%). El barómetro del Centro de Estudios Andaluces (Centra) va más allá y amplía sus vaticinios con hasta 22 parlamentarios.

Según el CIS, Vox ganaría en casi 70 localidades andaluzas, la mayoría de ellas ubicadas en la costa mediterránea, donde se encuentran sus grandes feudos. Además, se convertiría en tercera fuerza política en todas las provincias andaluzas. En las provincias del interior (Córdoba, Sevilla y Jaén) su apoyo no sería tan amplio como el que lograría en las provincias costeras, donde destacan Almería y Cádiz con un apoyo por encima de la media lograda en toda la región. Concretamente, la formación de ultraderecha sumaría en estas dos provincias el 18,5% y el 15,9%, respectivamente.

Desde Vox están convencidos de que su partido no tiene techo electoral y que tiene amplio margen de crecimiento. Tienen el convencimiento de que van "a pescar en la izquierda y en la derecha". Las encuestas apuntan a que la ultraderecha arrebataría hasta 30 bastiones históricos del PSOE.

Analizando las tripas del último CIS, el partido de ultraderecha ha encontrado también un filón entre los 'milennials'. Entre los nuevos votantes, es decir, aquellos que han cumplido 18 años desde las últimas elecciones hasta los que tienen 25 años, un 10,6% se decanta por Vox; de 25 a 34 años, un 7% votará a Macarena Olona. Entre los votantes que tienen entre 35 y 44 años optarán por su papeleta un 9%; de 45 a 54, un 10%; y de 55 a 64, un 8%.

A ellos se suma que los nuevos votantes, quienes han cumplido 18 años desde las últimas elecciones, se decantan abrumadoramente por el PP y Vox. El 31,8% de los votantes primerizos asegura ya que elegirá la candidatura que lidera Juanma Moreno y un 10,6%, la encabezada por Olona. Fenómeno que se confirma en la franja de edad de 18 a 24 años, con un 31,3% de voto directo para el PP frente a un exiguo 14,4% del PSOE.

Además, la formación ultraderechista podría aprovecharse de una de las incógnitas del 19-J: qué ocurrirá con los votos de Ciudadanos tras su más que probable hundimiento. Los sondeos le auguran una nueva hecatombe en las urnas, continuando así con su particular 'vía crucis electoral' al que sucumbió a partir de las generales del 10-N. La formación naranja podría pasar de los actuales 17 escaños que posee en el Parlamento andaluz y que le valieron para convertirse en socio de Gobierno del PP, a entre 1 y 3 parlamentarios. Incluso hay algunas encuestas que apuntan a su extinción en tierras andaluzas al no alcanzar el 3% de los votos necesarios para lograr representación.

La ‘gasolina’ de Vox

Para hacerse imprescindible en la gobernabilidad de Andalucía, Vox necesita como ‘mínimo’ aguantar el ‘tirón’ en los feudos que le auparon a las instituciones en el anterior ciclo electoral, aquellos con elevadas tasas de paro y altos flujos de inmigración irregular. Por ello, la formación de Abascal ha hecho de la inmigración, la inseguridad ciudadana y el desempleo su ‘triada’ de cara al próximo 19-J, el combustible con el que mantener, sino aumentar, su representación.

En la antesala de la campaña andaluza, Abascal y Olona presentaron en Almería, su principal bastión, un informe que vinculaba la inmigración y la delincuencia, asegurando que el 25% de los delitos en Andalucía son cometidos por extranjeros. Una cifra que desmiente el portal de criminalidad del Ministerio de Interior que señala que en 2021 hubo 314.894 infracciones penales, con 16.798 investigados y detenidos de origen extranjero, un 5,3%, casi 20 puntos menos de lo que asegura Vox.

Por si fuera poco, Andalucía ha registrado entre 2018 y 2021 un descenso de su tasa de criminalidad, pasando del 39,7% al 37,2. Además, la inmigración solo es el principal problema para un 0,5% de los andaluces, según el último barómetro del Centro de Estudios Andaluces.

En el debate de RTVE entre los seis candidatos a la Junta del pasado 6 de junio, Olona aseguró que “Andalucía tiene un 36% de paro juvenil de menos de 25 años, el doble que en el resto de España”. Sin embargo, los datos vuelven a desmontar estos argumentos, ya que, según la Encuesta de Población Activa (EPA), la comunidad tiene una tasa de desempleo en menores de 25 años del 36,1% y España del 30,2%. En cualquier caso sí es cierto que el paro se alza como la principal preocupación de los andaluces, según el último barómetro realizado por el Centro de Estudios Andaluces y los nueve estudios anteriores realizados por este organismo.

Más allá de lo que digan la realidad y los datos, la formación ultra espolea estas tres cuestiones en cada uno de sus mítines e intervenciones públicas, al igual que Marine Le Pen en Francia, consciente de que este mensaje es su ‘gasolina’ para crecer en las urnas.

Bajo el lema ‘Cambio real’, Vox aterriza en estas elecciones sin programa electoral: solo un escueto folleto con 10 medidas genéricas para gobernar la comunidad más grande y poblada de España. Promover "la riqueza y variedad" de las provincias andaluzas, fomentar la reindustrialización o combatir el paro estructural son algunas de las propuestas de este decálogo, en el que no detalla ni explica cómo lo va a hacer. Vox apuesta además por poner a las familias en el centro de su acción de Gobierno, luchar contra la inmigración irregular, derogar las leyes socialistas, cerrar Canal Sur o defender la caza y el mundo rural.

Programa electoral de Vox en diez medidas

Vox busca un ‘macarenazo’ en Andalucía

Todas las encuestas y sondeos apuntan a que, tras el derrumbe de Cs en toda España, la llave de la gobernabilidad de la derecha, no solo en Andalucía, está en manos de Vox. Por ello, los próximos comicios del 19-J se antojan cruciales para la formación de ultraderecha, que ya tiene la vista puesta en las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2023 y las generales de finales de año. Y es que el nuevo líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, difícilmente podrá alcanzar la Moncloa sino es de la mano de los de Abascal.

Prueba de la importancia del 19-J para la formación de ultraderecha es que por primera vez no ligará toda su suerte a sus siglas sino a su cabeza de cartel. Si en las dos últimas citas electorales en Andalucía apostó por el polémico exjuez Francisco Serrano, esta vez el líder de Vox ha decidido no dejar nada al azar y poner toda la carne en el asador.

Le veo cara de presidenta de Andalucía”. De esta manera, Abascal confirmó a finales de abril lo que era entonces un secreto a voces: Macarena Olona era su candidata. Todo un peso pesado en el limitado banquillo de rostros conocidos en el partido. Y es que esta combativa abogada del Estado es una de sus figuras más populares, desde que aterrizara en el Congreso en 2019, gracias a su bagaje no solo parlamentario -con sus tensos cara a cara con Yolanda Díaz, Félix Bolaños o quien se le ponga por delante-, sino también en todas y cada una de las actuaciones judiciales del partido de ultraderecha. Su “mejor candidata”, en palabras del propio Abascal, para duplicar los escaños de Vox en Andalucía.

Pese a ser natural de Alicante y tras el culebrón por su supuesto empadronamiento falso en Salobreña, una estrategia emprendida por la izquierda para anular su candidatura totalmente fallida al darle una visibilidad innecesaria y gratuita antes siquiera de arrancar la campaña, Olona ha convertido su nombre de pila, Macarena, en toda una seña de identidad folclórica. ‘Macarena de Salobreña’, título que ella misma se otorgó en su despedida del Congreso, no dudó en plantarse en la Feria de Sevilla, vestida y todo de flamenca, y en la de Jerez o incluso en explicar al resto de candidatos en el debate a seis de RTVE cómo es Andalucía, pese a no haber vivido jamás en esta tierra. “El macarenazo se viene”, advirtió hace ya un mes el vicepresidente político de Vox, Jorge Buxadé, sobre las altas expectativas del partido en estos comicios.

CyL, punto de inflexión y órdago a Moreno

Las elecciones del pasado 13 de febrero en Castilla y León supusieron un punto de inflexión en la estrategia del partido de Abascal. Si hasta ahora habían 'regalado' sus votos y sus abstenciones al PP a cambio de nada, como en la última investidura de Isabel Díaz Ayuso o la de Juanma Moreno, el 13-F todo cambió. Vox no cedió y exigió a Alfonso Fernández Mañueco entrar en su Gobierno si quería ser reelegido presidente. Dicho y hecho: la formación de ultraderecha irrumpió en el nuevo Ejecutivo castellanoleonés con la vicepresidencia y tres consejerías, además de la presidencia de las Cortes.

Este giro de guion de 180 grados por parte de Vox respondió a un intento de enmendar los ‘errores del pasado’, el último el del 4-M, al no haber capitalizado en absoluto sus apoyos gratuitos a gobiernos del PP en ayuntamientos y comunidades, lo que dificulta en gran medida que la ciudadanía perciba a esta formación como una verdadera alternativa a los partidos del bipartidismo.

Con las generales, municipales y autonómicas de 2023 a la vista, Vox ha subido sus exigencias y su presión a los populares. Su ‘no’ a los Presupuestos de la Junta de Andalucía, uno de los principales motivos del adelanto electoral en esta región, y a los del Ayuntamiento de Madrid son la mejor prueba de que algo ha cambiado. Con todas las encuestas apuntando a que Feijóo solo alcanzará la Moncloa sumando con Vox, con Abascal como su vicepresidente, ya no hay marcha atrás: no habrá nunca más apoyos gratis.

Macarena Olona y Juanma Moreno

Tanto Olona como su partido lo han dicho alto y claro: o entran en el Gobierno de Moreno o tumbarán su investidura votando junto a la izquierda. Por su parte, el presidente andaluz y candidato a la reelección lanzó otro órdago: si no gobierna en solitario activará el botón de la repetición electoral. Lo que no parece probable, dado que Moreno, días después, se limitó a marcar unas ‘líneas rojas’ para pactar con Vox: el Estatuto de Autonomía no se toca ni tampoco dará marcha atrás en la lucha contra la violencia machista ni contra el cambio climático. En cualquier caso, a menos que obtenga mayoría absoluta, Moreno no tendrá otra opción que abrir las puertas de la Junta a los de Olona, puesto que no se moverán un ápice en su posición ante el apretado calendario electoral que queda por delante hasta la batalla por la Moncloa a finales de 2023.

Sobre el autor de esta publicación

Samuel Jiménez

Samuel Jiménez (Madrid, 1980) es redactor en Republica.com. Sus primeros contactos con el periodismo fueron en radio, aunque la mayor parte de su trayectoria profesional está ligada a la prensa digital, primero en Estrella Digital y desde hace cinco años en este diario. El cine es una de sus grandes pasiones y disfruta de esa cinefilia en cada uno de los artículos que escribe sobre el séptimo arte. Buena parte de su trabajo también lo dedica a temas sociales, tratando de que el periodismo haga reaccionar al lector frente a las injusticias.