Rebrota la dinámica Este-Oeste

Bielorrusia

| EFE

Tras el ya dilatado prólogo del «protectorado» bielorruso con reclutados del Oriente Próximo, pugnando por entrar en Polonia, sumado a las presiones constantes de Moscú sobre los espacios nacionales de Ucrania, la Alianza Atlántica expresa su aprensión y define una toma de conciencia a la vez que establece un nivel de conclusión de que todo ello supone un blindaje ruso frente a la propia OTAN. La Rusia de Putin, cierto es, no es la Rusia soviética, pero solo en clave de análisis geopolítico opera, en términos prácticos, de la misma forma que si lo fuera. Esa inducida presión migratoria sobre el flanco oriental de la UE, mediante el uso del neosatélite bielorruso, es tanto como una nueva versión de la fábula identitaria del mismo perro y distinto collar.