Polonia saca los pies de Europa

Polonia

En la estirpe disidente del trumpismo que emergió de la misma Casa Blanca y del propio Brexit rupturista con la firma de Boris Johnson, la radicalidad disociante y rompedora del Tribunal Supremo polaco, disidente de los principios generales que inspiran el sistema de valores europeo, protagoniza la sedición polaca contra el derecho comunitario, al que se debe. Y lo hace desde claves gestadas en un nacionalismo extemporáneo y excluyente, nada compatible con los presupuestos de coherencia histórica y adecuación al conjunto de valores primordiales que le son propios a la cultura de las sociedades occidentales: un modelo de civilización secularmente compartido. Los comportamientos que, en paralelo, sostienen los gobiernos de Polonia y Hungría componen un síndrome de disidencia en el seno de la UE que demanda, por virtud de una legitimación cristalizada y arraigada en el propio barniz de la historia, más responsabilidad de cuantos comparten el estatus de miembro de pleno derecho; aquéllos a los que se les debe presumir un mínimo de compromiso con el sentimiento de una Europa próspera, segura y unida.