Pacto de civilización para Afganistán

avion kabul

El temor de la población afgana de que el terror talibán que en el pasado llevó a sus padres -en los años 90- a huir del país se vuelva a reproducir, plantea la cuestión de que a la vista de lo que pasó desde entonces, los tiempos que llegan pudieran no exigir otra cosa que la apertura de un camino hacia un pacto de civilización por la vía de los cauces institucionales existentes, articulado en este caso desde la ONU.

Probablemente, no exista otra vía que ésta, por ser alternativa exenta, en principio, de partidismos o alineaciones.

”No hay más cera que la que arde”, asevera el decir popular. Y ante el caos humanitario y político que se avecina no se antoja que haya otra referencia de juicio internacional más libre que el acreditado como tal por esta institución internacional.

En todo caso, es consideración obligada, asimismo, la de que en el problema de Afganistán concurren factores de muy compleja articulación histórica y de contrapuestas variables étnicas, culturales y religiosas. El nudo que deja la administración estadounidense es de una intrincada urdimbre y habrá de suponer, sin duda, una mancha importante en el currículo del presidente Biden.

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