Peligrosa ejecutoria de Lukashenko

Vuelve, y se consolida, la violencia política en la Bielorrusia de Lukashenko, con aquiescencia rusa de Putin, al que la Casa Blanca y la UE interpelan en el contexto de una tesitura histórica de indagación política y fricciones por la aparición reiterada de casos de déficit democrático o vulneración de los derechos fundamentales.

Un giro político y diplomático nada exento de reticencias occidentales. Todo, en este compás de cambio dentro del cual acontece el comportamiento bielorruso, con el que su régimen se adentra en prácticas de violencia sin precedentes para la magnitud de un microestado como el suyo.

Posiblemente no sea aventurar demasiado apuntar la hipótesis de que las audacias de Lukashenko pudieran tener los días contados. Probablemente dependa todo, a corto o medio plazo, de las investigaciones sobre las prácticas del dirigente bielorruso, sobre las que recaen certezas y sospechas -fundadas- en casos como el del periodista Protasevich, la atelta Kristsina Tsimanuskaia o la desaparición y posterior muerte en Ucrania (oficialmente calificada como suicidio), del opositor Vitali Sishov.