La catastrófica lluvia europea impulsa el ecologismo

La tromba pluvial ha mostrado el peor rostro del cambio climático, en términos literalmente imprevisibles, al no haber registros de lluvias de semejante parangón en las generaciones previas y actuales. El diluvio ha impulsado la percepción del giro en el clima y la entera dialéctica que afecta a los estratos de opinión cursantes y a los procesos electorales venideros. No hay constancia de que, en nuestro tiempo, un evento climático, por significación cuantitativa y correspondiente traducción en rangos de pérdidas humanas y daño material, sea equiparable a lo ahora acontecido. La oscilación entre la probabilidad y la certeza de que la catástrofe padecida en el torso europeo, principalmente en Alemania, Bélgica y Países Bajos, sea achacable a un giro global del clima, trastoca la hasta hoy establecida advertencia de que el cambio climático correspondía a una eventualidad de relativa significación en lo políticamente relevante. El rigor que exige el recurso a la ciencia para fundamentar el cálculo político es una necesidad que supone el robustecimiento estructural de la confianza en lo que se proyecta y se hace frente a los riesgos implícitos de eventos -cada vez más frecuentes- de esta naturaleza. Quizás de haberse tomado en consideración los avisos pasados, se habrían evitado -o al menos mitigado- los devastadores efectos padecidos en gran parte de la Europa central.

Lo dicho: este brutal evento meteorológico trastoca la panorámica del horizonte político en las inminentes elecciones alemanas, con un giro ya cantado a favor de Los Verdes y, por la misma razón, en lo general, con algo más que solo un golpe añadido hacia la entera desaparición de lo que el trumpismo significó como beligerancia anti ecologista en la visión de lo mucho y trascendental que supone el cuidado de la Tierra.