El cambio climático sacude el corazón de Europa

Entre un mínimo de 108 muertos, según los últimos datos conocidos, y el cálculo de más de 1.300 personas desparecidas a consecuencia de las inundaciones que han afectado a Alemania, Bélgica, Francia y una amplia zona de los Países Bajos, este espacio europeo comparece víctima de un golpe meteorológico sin precedentes en la cronología histórica de su clima. Una flexión meteorológica de este desmesurado porte no parece concebible fuera de un cambio de patrón a nivel global. Otros casos en ámbito de compartida geografía abundan en la conclusión de que estamos, históricamente, incursos en un cambio climático contra cuyos riesgos optó temerariamente el anterior gobierno de los Estados Unidos, con el inefable Donald Trump al frente. Lo de Alemania y cuanto le acompaña, por el mismo factor climático e idéntica coyuntura incluye a Países Bajos y este de Francia, resolviéndose en una amplísima diversidad de estragos, con incalculables niveles de daño en lo público y en lo privado. Este vasto suceso natural, inconcebible en cualquier hipótesis de normalidad climática, está llamado a agravarse, entendiendo lo de ahora como llamada de alerta sobre lo frágil y vulnerable de los soportes en que se asientan las civilizaciones. Y de forma muy especial, el futuro de éstas.