Ciclo de tensión Pekín-Occidente

La denuncia occidental del ciclo expansivo chino en lo militar ha sido replicada de inmediato por Pekín, afirmando que «la OTAN exagera la amenaza» y con el añadido de una exigencia: la de que «no difame su desarrollo pacífico y su propio papel». La dinámica de los comunicados se ha disparado en un claro nivel de rígidas asperezas por una y otra parte. Quienes hubieran creído que el encuentro euro-norteamericano con el estado chino podría discurrir entre contrastes de disparidad más o menos distendidos, no han tardado en caer del guindo. Pekín no se atiene solo ni estrictamente a las notas de los enunciados occidentales sobre los encuentros convenidos, sino que ha de sumar a ello, como referencia sistémica, inflexiones dialécticas orientadas a las percepciones de Moscú, al que debe congruencias de parentesco ideológico e histórico. El tándem Pekín-Moscú es realidad que no cabe soslayar, ni entre ellos ni por solo una de las partes. Quiere ello significar que este ciclo de tensión, tal como suele afirmarse, corresponde al ser de las cosas. Alarmarse no se compadece con la realidad de las mismas. Estos ritmos internacionales, ciertamente, no guardan semejanza con el compás de las estaciones.