China huye del envejecimiento en su población

Libertad para un tercer hijo y así aplazar el envejecimiento de la población. La dictadura comunista de Pekín busca, de esta manera, huir de la caída demográfica, luego de seguir la vía del gigantismo poblacional como opción de poder geopolítico, y llegada ya la inviabilidad de ese camino. Tras del punto de saturación demográfica, sobreviene la alarma y se opta por la estabilidad de la población, basada en un equilibrio. Pero queda el asunto de la libertad familiar de procreación, ajena a una intervención del estado; totalitaria por su sentido opuesto a la propia libertad a que se debe la familia en los sistemas inspirados y concebidos en el albedrío mismo.

Pero el problema de estado en China rebasa en medida importante la cuestión demográfica: se enlaza en términos de gravitación estructural, con el peso y las complejas inercias de sus nexos con el mundo ruso y sus implicaciones con las dinámicas del tercer mundo, generadas por el ciclo histórico de la descolonización. Y sobre todo ello, además, flotan, nadan, los propios y puntuales problemas derivados de su cotidianidad en asuntos tales como la cuestión del origen del virus; en los que emerge el fantasma de la supuesta responsabilidad por omisión. China es mucha China.