Activación occidental frente al dúo chino-ruso

Los ministros de asuntos exteriores del G-7, en un contexto puntual para articular réplicas a la dinámica de provocación ruso-china, al son de la iniciativa de la actual Casa Blanca del presidente Biden y dentro del contexto de estabilidad sanitaria frente al coronavirus que prevalece en Londres, inician una etapa distinta en la consideración y los análisis de la política internacional. Estos cambios se derivan de la propia praxis a que se aplica la práctica contra las libertades de las personas y la seguridad de los estados con los que limitan dos regímenes: el ruso y el chino; cuestiones estas que tienen más alcance en el caso de Rusia, con temas críticamente más sensibles como los suscitados con el asunto de Ucrania, en el que no solo cuentan el actual despliegue de fuerza militar junto a frontera sino que, en paralelo, pesan también otros factores de mayor importancia como las anexiones territoriales. Durante el mandato de Trump prevaleció en ocasiones una dinámica de tolerancia con Rusia y de expectativas sin base sobre las relaciones occidentales con el régimen norcoreano. Todo eso se ha borrado con la llegada de Biden a la presidencia de EE.UU. Su peso gravita, se traduce, en la nueva actitud del G-7, explicando la elección de Londres para las nuevas deliberaciones de este grupo occidental. Son, tal como se ha apuntado, razones de seguridad sanitaria frente al acoso de la pandemia.