Una averiada conciencia de seguridad en Washington

El asalto al Capitolio del aquel seis de enero, protagonizado por masas partidarias del trumpismo, con el propio Donald Trump aún en la presidencia de EE.UU. y con muertos contabilizados en el balance del insólito incidente, ha generado un clima de alarma colectiva que lleva a pedir que la custodia del orden público, de base policial, sea suplida en la capital americana por una militarización de la fuerza aplicada a la defensa de las instituciones democráticas. El trumpismo, en sus trances de expresión más aguda, ha llegado a cuajar niveles de crispación, esperpento y desmesura sin precedentes en el tono promedio de la cultura política estadounidense. Es de esperar que el sarpullido tercermundista generado entonces por ese trumpismo venga a durar, en la primera democracia del mundo, lo que dura un catarro de primavera.