Flexión aberrante de Londres ante la demanda turística de España

Poco o nada objetable en principio a las salvedades del Gobierno británico ante sus nacionales cuando se trata de determinados ámbitos de nuestro país.

Todos los cuidados y prevenciones son pocos al enfrentar los males del Coronavirus, cuyo impacto pandémico, sabido es, presenta magnitudes planetarias. Los riesgos que puedan derivarse de los flujos turísticos para los nacionales radicados en el espacio del país receptor, merecen toda suerte de cuidados y prevenciones por parte de la autoridad del país receptor. Pero todo queda ceñido a un orden y criterio de correspondencia. Cada lugar requiere su rango de prevención y su nivel de respuesta; tanto desde el lado de la oferta como desde la vertiente de la demanda. Tan así son las cosas que mientras se entiende que la autoridad británica pueda y deba objetar y rechazar, cerrar el paso a demandantes originarios de un ámbito determinado, porque todo corresponde a un contexto doble, por ambos lados. No se entiende en absoluto el caso de la añadida inclusión de las islas Canarias como espacio involucrado.