Intrusión turca en aguas grecochipriotas

La establecida sintonización del turco Erdogan con el ruso Vladimir Putin, desde su encuentro enmarcado en la guerra de Siria, que propicia el acceso del eslavo a las “aguas calientes” que soñaron los Zares, ha tenido la virtualidad de elevar geopolíticamente la temperatura en el Mediterráneo oriental tras de llevar al espacio greco chipriota buques prospectores de fondos submarinos, adscritos a la eventual identificación de yacimientos petrolíferos.

Ausente Turquía del marco del marco legal internacional que regula zona, aboca esta situación a un estado de tensión tan cierto como inesperado, aunque no imprevisible desde la suma de dos factores de conflictividad tan notoria como la inercia geopolítica de Erdogan, en pos de un nuevo perfil para Turquía, y de otra parte, la busca por parte de Putin de un balcón en el Mediterráneo para Rusia, como novísimo activo estratégico; algo sobre lo que algo tendrán que decir, tanto Europa como el aliado norteamericano desde el eje de la Alianza Atlántica. Podrá el turco Erdogan enterrar la memoria de Kemal Ataturk cuantas veces quiera, además de islamizar el gran templo de Constantinopla, pero no hipotecar geopolíticamente el Mediterráneo del Este.