Egipto sale al paso de Turquía en la guerra líbica

La expresada voluntad del Gobierno egipcio de intervenir en el conflicto líbico abierto; iniciado tras la muerte del coronel Gadafi y crecido en complejidad con el paso del tiempo, tanto por el incremento de fuerzas participantes, como por la complejidad de los tutelajes externos, especialmente el de Turquía y el del interés ruso en prolongar, en la esquina norteafricana, el roce con las “aguas calientes” del Mediterráneo, ya iniciado con su presencia en la contienda civil siria: epílogo eternizado de la Primavera Árabe contra el último tramo autoritario tunecino. Todo ello, en trancos sucesivos, ha venido a desembocar en una basculación geopolítica del régimen de Recip Erdogan desde las claves occidentalizantes a una sintonización progresiva con la Rusia putiniana, en su remedo zarista del mito de las “aguas calientes como flanco pendiente del Imperio Ruso.

La flexión turca hacia el putinismo desde los tiempos “otánicos” y la referencia capital al legado de Kemal Ataturk, resuelta en un regreso al islamismo, cabe estimarlo como clave última del aviso egipcio de intervenir militarmente en el conflicto líbico. Todo movido desde el histórico aliento de Estados Unidos desde el postnaserismo. La hipótesis, cabe decir, dispone de un fuerte apoyo de lógica electoral vistas las urnas presidenciales norteamericanas del próximo noviembre.