La OEA se suma a la reactivada presión sobre la dictadura venezolana

Las muy recientes declaraciones del Secretario General de la organización interamericana sobre la dictadura chavista, Luis Almagro, supone un cambio de dimensión y perfiles regionales ante el desafío sistémico del régimen chavista a las democracias del mundo Iberoamericano. Todo un proceso de perversión ideológica que trae a la actualidad inmediata las tensiones propias del tiempo de la Guerra Fría, en el que la Cuba del castrismo operó como punto de apoyo para el paso de del sovietismo en el Nuevo Mundo.

Las contradicciones en la gestión de Donald Trump, especialmente en lo que se refiere a la relación con la deriva del chavismo, ha sido un factor determinante de que ahora se haya reactivado la pulsión geopolítica que en el pasado desempeñó la OEA. Desde tal perspectiva procesal en el mundo iberoamericano cobra un muy específico y diferenciado interés el curso de las contradicciones y desaciertos en que viene incurriendo el presidente Donald Trump. Algo que necesariamente habrá de pesar en la balanza electoral estadounidense del próximo noviembre. Este quehacer de la OEA ante los ascendentes desafueros de Nicolás Maduro se viene a corresponder con la involución histórica que representa su dictadura algo más que sólo sovietizante.