Rusia activa su posición geopolítica en el Mediterráneo

El presidente egipcio, aliado directo de Rusia en el conflicto libio, actúa desde un sentido pro-Moscú en el interminable conflicto militar tras de la desaparición del Coronel Gadafi, con la advertencia frente a Turquía de que intervendría en la campaña en el caso de que esta lo hiciera de un modo más directo.

Tal advertencia de El Cairo traduce a términos muy concretos el hecho de que Moscú -después de haber conseguido una instalación crítica hacia las aguas calientes -, al establecer su colaboración con el régimen de Damasco en la guerra civil en la que se desangra Siria, se completa de una forma muy directa con la advertencia a la propia Turquía que apoya a la parte más representativa y poderosa de las facciones libias resistentes desde la parte más occidental a lo largo de este conflicto.

Con esta crítica advertencia de la presidencia egipcia sobre la Libia post-Gadafi, cabe entender que Putin está a punto de cumplir su sueño de llevar a Rusia, como potencia mundial, hasta esas mismas “aguas calientes” que soñaron los zares. Este ajuste geopolítico de primera magnitud resulta, al cabo, en la más oscura consecuencia para los intereses occidentales en el Mediterráneo oriental.