Trump, acuciado por el caos social, a militarizar el orden público

El viento del caos social desatado por la muerte alevosa de un afroamericano, se ha cruzado con el desquiciamiento de las inercias y pautas organizativas covivencialmente, establecidas por el impacto de la pandemia del Coronavirus. El rango de las perturbaciones aportadas por cada escala de factores, y el peso de la memoria colectiva sobre episodios de la misma naturaleza que el suceso racista detonante de ahora, conforma una escalada crítica de factores adversos contra el normal decurso de las cosas, muy principalmente aquellas que son más relevantes y precisas para la paz social.

El apabullante dato de que son más de 150 las ciudades involucradas en las protestas y afectadas por saqueos acaban, por ejemplo, por generar una demanda muy urgida de artesanos capaces, en régimen urgente, de reponer o reforzar puertas y otros accesos a comercios, frente a los salteadores. El sobrevenido estado de implosión de la seguridad pública, con el consiguiente hundimiento de todo vestigio de orden, supone el desplome sistémico del mundo civil y, por ende, la implantación de un orden militar que reponga el orden de las cosas. Con las dos caras de la moneda: una la propiedad y otra la libertad. Trump tendría razón si frente al caos reinante decide la militarización del orden público.