Consenso atlántico para Venezuela

Probablemente nunca como hasta ahora hubo presupuestos políticos tan sólidamente propicios para el inicio de un proceso de cambio en cuya virtud consiguiera Venezuela despegar de la postración en que se encuentra sumida por causa de la dictadura de Nicolás Maduro. La factibilidad de unas eleciones desde mínimos de garantías para que el país accediera a condiciones normales, asumibles por abrir el acceso a la normalización política, social y económica del país.

Es justamente el consenso atlántico, estribado en la convergencia de Washington y la Unión Europea, la infraestructura geopolítica ‘ad hoc’ para que se rompiera ese círculo vicioso en que se atrinchera la dictadura comunista en que se resolvió la gestión del graduado en los Talleres Rojos de La Habana de Fidel Castro, recién abandonado el volante del Bus que conducía el “Hijo de Chavez”. Con tales mimbres biográficos, la deriva totalitaria del Chavismo no pudo menos que desembocar en el Golpe de Estado cuando en las últimas elecciones libres habidas para él.

La Asamblea Nacional, el Presidente Nicolás Maduro sufrió una derrota superior a los dos tercios, lo que le obligó por ley a convocar urnas que le convalidaran como presidente. No lo hizo; se puso donde está y creó una Cámara nueva, la Constituyente, en cuya presidencia sentó a un a un militar compadre suyo.

Y así siguieron las cosas hasta que Donald Trump cortó el hilo de la madeja, poniendo precio a los jerifaltes de la dictadura de Caracas y abriendo marco de entendimiento con la Unión Europea  susceptible de ser considerado como “Consenso Atlántico para Venezuela”.