Suramérica, vertedero de violencia política

Según Amnistía internacional y otras fuentes de autoridad moral y política reconocida, el último gran recuento de la violencia y la represión en el Nuevo Mundo ha experimentado un salto adelante impensable como quien dice, una década atrás. Señala a que al menos 210 personas murieron de forma violenta durante las protestas del año pasado en todo el ámbito iberoamericano, lo que le sitúa en el vértice mundial de la violencia política contra los derechos humanos, expresada como práctica represiva por parte de los Estados. Repartido este volumen de represión, las cuentas se asignan del modo siguiente: 33 muertes en Haití; 47 en Venezuela; 31 en Chile; 8 en Ecuador y 6 en Honduras. Se acompañan estas cuentas con los más altos registros en homicidios, corrupción e impunidad en abusos y desafueros, acompañado todo de mecanismos seguidos en la injusta distribución de la la riqueza y desigual protección de la gente por parte del Estado.

Habrá que añadir a estos datos y consideraciones otras cosas, en lo que fue en su gran mayoría parte del mundo hispánico, una alusión al muy sangrante asunto de Venezuela, tan regurgitado ahora con el maleterazo de Doña Delcy y su baile a oscuras por el tablado del Espacio Schenguen.