Anomalía diplomática hispano-venezolana

Lo muy confuso de las relaciones políticas entre España y Venezuela en lo que concierne al contexto europeo, dónde se incardina actualmente algo más que sólo nuestra diplomacia, sino de modo capital nuestra integración soberana en la unión Europea.

Anómalo es, opuesto al Derecho que define Constitución de Venezuela, que el embajador nombrado por Nicolás Maduro procede de un golpe de Estado, porque Maduro se debió someter a referéndum por lo descomunal de la derrota sufrida en las últimas elecciones libres habidas en el país, tal como establece la Carta Magna de allá.

En lugar de ello creó una Asamblea nueva, la Constituyente, para cuya Presidencia designó a un socio de cuerda, y ambos golpistas asociados designaron, para lo sucesivo  la representación diplomática en España.

A estas horas, cuatro años después, cuando Juan Guaidó, como representante de la revalidada mayoría en la Asamblea Nacional, es internacionalmente reconocido como presidente de Venezuela, no es recibido por el Gobierno de Sánchez, y la personalidad designada por Juan Guaidó como “su” representante, se aloja en un domicilio de Madrid aportado por amigos y a la espera del día en que el giro de los acontecimientos le permita recibir y presentar las cartas credenciales expedidas por el legítimo Gobierno de Juan Guaidó, basadas en la mayoría nacional de la Asamblea correspondiente.

Pero, de momento, mientras Nicolás Maduro continúe en Miraflores y su militar compadre al frente de la Cámara Constituyente que se inventó con el golpe, seguirán éste y el asalto al Estado en Caracas, mientras en Madrid el Gobierno ignora la existencia de Juan Guaidó. La anomalía en la relación, de forma asimétrica, cursa a dos bandas.