La trama del chavismo golpea nuestra relación con las mayorías hispanoamericanas

No era en principio previsible que la visita del presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, que representa a la mayoría vencedora en las últimas elecciones libres que hace cuatro años se celebraron allí, en términos tan rotundos que Nicolás Maduro, el “Hijo de Chávez”, se veía obligado a celebrar un referéndum si pretendía seguir en la Jefatura del Estado. No lo hizo. En su lugar, se sacó de la manga un órgano nuevo, la Asamblea Constituyente. Y así se forzó la cursante dictadura que ha sumido a Venezuela en la miseria y, a la par, a los “boliburgueses”, endógenos y exógenos, centrados estos últimos en la aportación de servicios de la más varia condición.

Frente a ese mundo del cuadrienio madurista, la Oposición política, al cabo de las más variadas peripecias y engaños, convino en designar un representante de la mayoría constituida por ellos, los vencedores en las últimas urnas libres habidas en el país, como Presidente Encargado o Provisional, hasta que la remoción del dictador NIcolás Maduro, hiciera posible, con las restituidas libertades elegir un nuevo Presidente.

Las imbricaciones del izquierdismo chavista en la gobernante izquierda española han permitido desvirtuar de forma política sensible la visita de Guaidó, generando efectos colaterales de relevancia, menos en el contexto iberoamericano que en el ámbito de la relación internacional restante, especialmente en espacios y sectores en los que cursan problemas de vieja data, como los de dialéctica de frontera. En el caso Marruecos, con cuestiones de límites en aguas territoriales.