La dictadura chavista sigue en el eje ruso-castrista

Por enésima vez, el rodillo totalitario de Nicolás Maduro sale al paso del curso institucional del Estado chavista y, con el empleo de la fuerza, impide que el presidente virtual de la República de Venezuela, Juan Guaidó, asuma la Presidencia de la Asamblea Nacional, y en virtud de lo mismo, la Jefatura del Estado.

Hubiera supuesto la votación, automáticamente, de haberse celebrado, el relevo en la Presidencia venezolana, la sustitución de Nicolás Maduro por Juan Guaidó. El fin de la Dictadura.

La nueva frustración del repetido intento de rescatar democráticamente la victoria lograda en las últimas elecciones libres celebradas en el país que llegó a ser el emporio del petróleo americano, ha reconducido a la evidencia de que las cosas no pueden cambiar allí mientras no se logre constituir un eje alternativo y opuesto al establecido por Rusia y la Cuba castrista con su endoso a la dictadura venezolana.

La dictadura chavista sólo se puede descabalgar con una ecuación accidental estribada en un soporte suramericano, quizá del exacto rango de la OEA. Pero el óbice puede que fuera el empapelado con el impeachment.