Salida resuelta para los soldados españoles destinados en Iraq

El estado de cosas creado en el Asia del Oeste por la caza norteamericana del estratega primer y hombre fuerte de la República Islámica de Irán, Qasim Soleimani, hecho determinante de una modificación radical del estado cosas imperante en el Poniente del Golfo Pérsico, donde se había producido una absoluta imbricación política entre Iraníes e iraquíes, refundiéndose operativamente el chiísmo de aquellos con el sunismo prevaleciente de éstos, al cabo sobre todo de la labor muy estratégica del general eliminado por orden directa del presidente Trump.

Algún error habría de cometer el general estratega que Trump se quitó de enmedio. Y esta pifia no fue otra que no impedir el asalto a la sede diplomática norteamericana en Bagdad. Aquello le costó la vida. Era lo que el plutócrata presidente necesitaba para enmarcar su acción de mando y dimensionar la gravedad del insulto gropolítico cometido por Irán al instalarse en corral ajeno, que venía de ser botín de guerra de Estados Unidos tras de la derrota de Sadam Husseín.

Dentro de ese gazpacho geopólitco, sobrevino al entonces aun expectante presidente del Gobierno de España la preocupación por qué podía suceder con los soldados españoles desplegados en Iraq, enmarcados como fuerzas de la OTAN. Menos mal que el Secretario General de la misma, desde su sobrada solvencia, decidió lo que procedía y la OTAN convino levantar el campo iraquí, con la tropa española y sus compañeros.