China, un ajuste en la visión atlántica

Siguen los compases ópticos de ajuste al hilo del 70 Aniversario de la fundación de la OTAN, tras suscribirse el Tratado del Atlántico Norte. Corresponde el ajuste de hoy a las consideraciones que merece el acceso de China al rango de gran potencia, puesto que su gasto militar es de rango parejo al de Estados Unidos. Y junto a ello, se añade asimismo, en otro orden de apreciaciones, la intensificación del recelo de los Estados bálticos a la vecindad rusa, que si en los tiempos soviéticos se resolvió en términos de anexión de soberanía, cuando la URSS se esfumó, la Rusia putiniana, en congruencia con la inercia de sus genes, regresó a las dinámicas de la anexión, embolsándose el título soberano sobre la península ucraniana de Crimea.

Desde bien distintas razones, el encuentro londinense del 70 aniversario de la OTAN ha valido para concitar reflexiones y análisis convergentes sobre la utilidad, la oportunidad y la vigencia de la Alianza Atlántica en estas horas del mundo, muy especialmente para el Occidente europeo, constreñido como está a enfrentarse a peligros nuevos y amenazas de de viejo diseño. Muy especialmente en lo que respecta al terrorismo, del más variado propósito y diseño.