Flexión geopolítica en los 70 años de la OTAN

Justo cuando llegaba el septuagésimo aniversario de la creación de la OTAN, en el ápice de la Guerra Fría que enmarcó el nacimiento de la Alianza Atlántica, ha sobrevenido un evento económico de de la mayor relevancia geopolítica: el acuerdo ruso-chino para el envío a la potencia amarilla del gas siberiano, en términos de suministro cuya cuantía no se ha revelado formalmente, aunque resulta poco menos que obvia por la imperativa enorme escala que determinan las necesidades ingentes de la potencia asiática, dependiente del más allá de sus radiosgeográficos.

Rangos de perspectiva complementarios son los que resultan del precio de la última anexión rusa: la de la península ucraniana de Crimea. Aventura por la que los integrantes de la OTAN, luego de los Acuerdos de Minks le cobran a Rusia tributaciones de cuantía bastante para oscurecer sus cuentas nacionales mucho más de lo muy negras que ya estaban. Y si a esas cuentas se suman las derivadas de los costes de la construcción del puente entre la costa rusa y la orilla de Crimea, se entienden mejor los imperativos que han podido llevar a Moscú al acuerdo con Pekin para arrimarle a China el gas siberiano, aliviándole así de la dependencia del petróleo del Golfo Pérsico.

De otro punto, el componente de presión económica que gravita sobre la Rusia de ahora, es factor y circunstancia que algo significará para la OTAN septuagenaria.