Eco regional de la caída política de Evo Morales

El nuevo Gobierno boliviano expulsa a la “delegación diplomática” del régimen de Venezuela y revisa los nexos con el sistema castrista de Cuba. Expresan una y otra cosa un cambio sistémico en la configuración ideológica y los equilibrios políticos dentro del conjunto iberoamericano definido entre dos polos de referencia: por un lado, la Organización de Estados Americanos (OEA), de vocación occidentalista, y enfrente, las formaciones de izquierda autoritaria, nucleadas en torno a la dictadura venezolana de Nicolás Maduro (y ésta, a su vez, por el arquetipo castrista, en el que cuajó la formación totalitaria del residente actual del palacio de Miraflores).

El exilio mexicano de Evo Morales ha operado como catalizador y acelerador de un proceso de radicalización totalitaria, traducido en una acumulación de recursos como la que expresa la llegada a Venezuela de varios centenares de armas largas rusas para los milicianos que, al parecer, serán empleadas como recurso central de disuasión frente a la renovada dinámica rebelión ciudadana de la mayoría acaudillada por Juan Guaidó en el marco democrático y liberal de Voluntad Popular. En esta dinámica está la petición de esta Bolivia al presidente de la Asamblea Nacional, como vértice de la Venezuela libre, para que nombre un embajador en La Paz.