Bagdadi, ¿último mega-terrorista islámico?

Las referencias gráficas de la recepción Informativa en la Casa Blanca sobre el entorno del espacio sirio y lindes turcas, donde Bagdadi murió por su propia mano, al detonar junto a tres de sus hijos, el chaleco explosivo que portaba en su huida de la tropa estadounidense, alcanzan muy cumplidamente a reflejar tanto la importancia que los reunidos confieren al suceso como el recelo que ha suscitado la noticia, por las repetidas ocasiones en que lo mismo se había anunciado y luego fue desmentido.

De notar es también como, añadidamente, subsiste ahora la aprensión, el temor y el muy fundado recelo, no sólo americanos, de que si Bagdadi relevó a Ben Laden, existe la cualificada probabilidad de que un tercer Profeta del Terror islamista esté apostándose ya a la idea de relevar a los dos ya eliminados por los soldados estadounidenses. El problema del terrorismo islamista, ciertamente, no puede encontrar solución y respuesta suficiente en la capacidad militar de Estados Unidos ni de ninguna otra gran potencia. La variable cultural y religiosa está en las premisas capitales del terrorismo islamista. Y posiblemente sea por tanto la precondición política la única capaz de ahormar los factores previos, imprescindibles y globales contra el terrorismo islámico, igual que contra el cambio climático…