Putin, sobrevenido árbitro euroasiático desde la tibieza de Obama y la torpeza de Trump

Vladimir Putin, acaso el más brillante fruto del seminario soviético del KGB, comparece como legatario del rastro de tibieza de Barak Obama en la Casa Blanca y de la reiterada torpeza en el mismo vértice del poder estadounidense, del marco histórico que se alza desde los Juegos Olímpicos de Pekín y la campaña rusa de Georgia y la Intervención en el conflicto ucraniano, coronado con la anexión rusa de la Península de Crimea.

La decisiva aportación funcional de Donald Trump a las pifias geopolíticas de Estados Unidos en la muy prolongada guerra siria; que en principio fue sólo civil, de graves disensos nacionales, para convertirse luego en rebote principal de la crisis del Golfo Pérsico, cuyo origen último no fue otro que la retirada de Donald Trump del Acuerdo suscrito con el Presidente Rohaní, de la República Islámica de Irán, con los cuatro Miembros Permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania, en cuya virtud Irán aceptaba la legalidad internacional en todo referente a la tenencia y fabricación de Armas Nucleares.

Todos y cada uno de estos extremos, especialmente la obtención de sus bases energéticas se integraban en los términos del disentido consenso denunciado por el presidente Donald Trump. Con lo cual, implícita y mecánicamente se aportó un ingrediente esencial para el arbitraje diplomático conferido a Vladimir Putin.