Maduro en el Consejo de Derechos Humanos

No cabe, en términos de moral internacional, cosa políticamente más escandalosa que la llegada al Consejo de Derechos Humanos de la ONU del más frío, ruinoso y conspicuo dictador brotado y establecido en la actualidad de este tiempo de las Américas, la del Imperio norteamericano y la de la América. hispana, muy especialmente, la que incluye la Cuba que transformó el Castrismo y la Venezuela que resultó de la multiplicación de esa misma semilla, pasando así de la ebriedad en toda riqueza material, especialmente en la energética y los más de los minerales nobles, a las carencias de toda suerte de recursos materiales y medios asistenciales. Ese Nicolás Maduro que pasó de la conducción de autobuses a tomar instrucción en los centros habaneros de cuño leninista.

Tan sólida y prolija formación en los fundamentos totalitarios de todo sátrapa comunista, no podía menos que resolverse en la praxis de lo que ha venido a resultar su más relevante quehacer “revolucionario” desde que dio su golpe de Estado tras de la derrota sufrida en las últimas elecciones democráticas habidas en la Venezuela del ciclo Chavista. De todos resulta sabido, además de la ruina económica, el atropello sistémico de los derechos humanos, es decir, del orden de valores que  orgánica e institucionalmente promueve y defiende la ONU. Justo la síntesis de cuánto representa todo lo opuesto a ese Consejo al que ha sido llevado Nicolás Maduro, cofrade de Erdogan en la Orden Universal de Fumadores de Puros, preferentemente habanos.