Vértice de violencia por Hong Kong en el 70 aniversario del Pekín rojo

Ha sido como una celebración inversa y simultánea de un suceso histórico de mayor cuantía en los anales, digamos, de una misma raza entre los antípodas en la concepción de un sistema ideológico, tanto para la política como para la Economía y la historia de un cúmulo de razas y culturas.

Las últimas horas en el ápice de las violencias trabadas sin fin entre la ex colonia británica, resuelta en la hipertensa relación - un vez más -entre dos reales y contrapuestas vivencias del ser de los chinos. Manifestantes por un lado, policía por otro; agentes mirando a la vez a los locales y a sus jefes, servidores de Pekín.

Todo, nada más y nada menos que la realidad de una transición. De un puente entre dos continentes o puentes irremediablemente contemporáneos. Al cabo, como una paráfrasis de aquel escrito magistral de Javier Zubiri, el “Naturaleza Historia y Dios”.

Es de esperar que esta transición hongkognesa, pese a lo muy compleja que parezca, pueda rematar, al menos, como la nuestra.