El renacer de la guerrilla colombiana se suma al atasco chavista venezolano

El sostenido ritmo colombiano del asesinato de un candidato cada semana define con precisión estremecedora el ritmo de la convergencia terrorista al sur de la línea fronteriza con Venezuela que separa Colombia de la Venezuela que no consigue desprenderse de la dictadura del chavismo, cabalmente representada por Nicolás Maduro, que sustituyó el cumplimiento constitucional de someterse a un referéndum que le ratificara como presidente de Venezuela después de la derrota que le infirió la Oposición en las últimas urnas democráticas habidas en el país; derrota tan amplia que implicó, en términos constitucionales, significados de alcance derogatorio de su mandato presidencial. Por eso el referéndum que aclarase el signo efectivo de tan enfático varapalo electoral sufrido por el ex conductor de autobuses.

Pero quien además de haberse curtido en tan honesta labor y en la de ministro de Información en el último Gobierno deHugo Chávez, incumplió mandato Constitucional de someterse a un referéndum y se atribuyó el poder de establecer otra Cámara parlamentaria, atribuyéndose además la Presidencia, aparte de relegar el Parlamento a la irrelevancia política.

Pero volviendo a lo que íbamos al principio de estas notas. La conexión funcional entre la dictadura venezolana y los desordenes terroristas que padece su vecina Colombia, especialmente desde la reincorporación de Iván Marquez, que fue segundo mandamás, a la actividad guerrillera, en añadida sintonía con la guerrilla del ELN, lo que establece es un agravamiento de la doble conexión – guerrillera y estupefacientes – ante lo que no cabe indiferencia por parte norteamericana y por parte de lo organismos Interamericanos.

Por la proximidad entre una y otra cosa, parece razonable pensar en lo probable de próximas actuaciones interamericanas al respecto.