El persa Rohaní se acoge a la ONU

El Presidente de la República Islámica de Irán anuncia que presentará en la próxima en la próxima Asamblea General de De Naciones Unidas un Plan para la Seguridad en el  Estrecho de Ormuz, espacio crítico, rótula estratégica, dentro del Golfo Pérsico, donde el mundo del petróleo concierta la concurrencia de cuencas petrolíferas más amplia del planeta. Una concurrencia que acompaña del clima de tensión religiosa más erizada del Islám, suníes y chiles, formateada bipolarmente: al Norte, chií, con el Teherán chií, y al Sur, la Arabia Suní, que acoge los lugares Santos del Islam y una forma monárquica de Gobierno.

Nunca como ahora se había creado un clima de tensión bélica y política como ésta de ahora, después del bombardeo sufrido por el gran conjunto petrolero de Aramco.  El bombardeo ha creado una situación crítica que, de momento, no ha ido a más por el arbitraje de hecho en que se ha convertido la potencia estadounidense. La autoría del ataque a Aramco, permanece entre grises, aspectos intermedios que han operado como frenos resolutivos a los que conviene la proximidad de la Asamblea de Naciones Unidas. Una circunstancia que Rohani, el presidente iraní, se ha apresurado a utilizar como envolvente del bombardeo de Aramco. La muleta dialéctica no ha sido otra que esa propuesta de un Plan para la seguridad del Estrecho de Ormuz.