Triple cambio en el Pérsico: militar, económico y político

El muy reciente ataque con aviones no tripulados contra las instalaciones saudíes de ARAMCO, además de su inmediata traducción en la subida del precio del petróleo, ha generado una triple dinámica de cambios en lo informativo, lo político-diplomático y asimismo lo militar.

La causa de los hutíes, resistencia guerrillera de confesión chií, pilotada políticamente por la República Islámica de Irán, y asentada en el Yemen, como otras milicias de la misma incardinación política y religiosa, tal que Hezbolá lo está en el espacio libanés, además de otras militancias del chiísmo se distribuyen y actúan en Irak y en Siria bajo la batuta iraní; todas estas variantes del Islam en el Oriente Próximo, componen una clave de complejidad casi siempre presente en la dinámica política dentro de la región, y en estas circunstancias, con el fondo del petróleo, no podía faltar en el escenario sobrevenido en el Golfo Pérsico tras retirada de la Norteamérica de Donald Trump del Acuerdo suscrito con con Irán por los Miembros Permanentes Del Consejo Permanente de la ONU, más Alemania, para que el Régimen de Teherán se encajara en la Ley Internacional en todo lo referente a las armas nucleares.

La situación creada con este salto diplomático en la política exterior estadounidense ha sido el marco determinante de la desestabilización geopolítica del Golfo Pérsico, con la reactivación de problemas tales como el representado por el Estrecho de Ormuz y el desorden regional en la entera cuenca del petróleo. El vecindario político en el Golfo sólo se normalizaría si, por ejemplo, el persa Rohani se aviniera a las paces con Trump cuando coincidan ahora en la Asamblea General de la ONU.