El narcotráfico, inseparable de guerrillas y terrorismos

El Informe de la DEA norteamericana sobre el nexo operativo entre el narcotráfico colombiano y la guerrilla de la guerrilla de las FARC, ahora relanzada con la vuelta al combate de quien fue su vicejefe – que a su vez ha enlazado con gente afín en el mismo narcotráfico guerrillero, aunque con diferente etiquetado -, es pieza documental de gran valor, más allá de los descuentos por parcialidad que se les deba aplicar. Su utilidad brilla muy especialmente en sus referencias a la interacción del narcotráfico con la cocaína de las FARC y las complicidades políticas de determinados prebostes de la región concernida en el problema de la “cocaína revolucionaria”, muy en concreto, especialmente, en los tramos críticos para al tránsito de la droga desde las selvas colombianas hacia Estados Unidos y Europa.

Así fue el caso que en Honduras causó el golpe de Estado contra el presidente Zelaya, por decisión conjunta del T.S.y el Ejército. Se repasa qué sucedió políticamente entonces con la reacción de los Gobiernos interesados en el circuito comercial de la cocaína de las FARC y emerge en en la memoria la estampa de un Nicolás Maduro, a la sazón ministro del Gobierno venezolano de Hugo Chávez, actuando como fiscalizador de lo actuado por el depuesto presidente hondureño como cómplice de la trama de la trama narcoterrorista que operaba en la selva colombiana.

Las responsabilidades del dictador Maduro con los tráficos en que Insisten las denuncias de la OEA , ponen las cosas en su cabal punto histórico con el relanzamiento de las FARC y el despliegue venezolano de misiles ante la frontera de una Colombia a la que se le resucita su pasado de víctima del guerrillerismo castrocomunista. Pero al régimen de Maduro, internacionalmente, las cosas se le han puesto de difíciles ahora como nunca lo estuvieron. La Unión Europea con sus Gobiernos y la OEA con los suyos, sumados al relanzamiento de la DEA componen un dispositivo de presión poliico-militar Inédito hasta el presente.