Johnson encara una moción de censura

Sería como una hipótesis parlamentaria con sabor a referéndum, porque la moción vendría a suplir, en término de efectos políticos finales aquello que Boris Johnson no quiso tragar: un referéndum nuevo sobre el Brexit, del que podría surgir su ratificación. Es decir, su derrota política en toda regla, puesto que su bandera y signo diferencial no ha sido otra que que el corte británico con Europa. Lo que haría políticamente feliz a su Donald Trump del alma.

Sobreviene esta tesitura en el presente político del Reino Unido de la Gran Bretaña de la mano de un Boris Johnson al que el ahora del mundo se inscribe bajo el signo de la relación preferente con una Casa Blanca expresamente distónica con Europa y que, al propio tiempo, abre sus preferencias y apuestas por otros espacios de cooperación policial a la par que económica y diplomática, como es por ejemplo frente al problema del Estrecho de Ormuz, dentro de la cuenca petrolera del Golfo Pérsico. Asunto para el que propone el establecimiento de un ámbito internacional de cooperación para encarar los severos problemas de seguridad para la zona de la Tierra por la que es trasegada, navalmente, la cuarta parte del petróleo que se consume en el mundo.

El entorno del Estrecho de Ormuz, abierto a la fachada de la República Islámica de Irán, es el escenario doméstico para el activismo naval de la Guardia Revolucionaria del Régimen de Teherán. Lo que supone todo un desafio a los intereses internacionales. Pero de rango menor a lo derivado de la retirada norteamericana del Pacto Nuclear Internacional suscrito con el Estado de Irán.