El efecto Boris Johnson, más allá de la esterlina

Posiblemente, sin el efecto Donald Trump en la Casa Blanca no estaría el mundo occidental, a estas horas, lamiéndose de la tralla del Brexit en el horizonte británico, ni éste, a su vez, del compás de perplejidades que atenaza no sólo al Reino Unido, sino también al mundo Atlántico, en su dimensión estratégica y en su contenido económico, por las alternativas energéticas y los horizontes comerciales.

De algún modo o manera habrá que entender que ese binomio formado a estas horas por uno y otro personaje - el presidente norteamericano y el Primer Ministro británico, desde su primer tramo causal de relación, han compuesto una clave para la dinámica de este ahora mismo global; una clave o punto de partida sin cual podría resultar más laborioso o difícil entender el rango de complejidades que parecen subyacer a esta época, con escenarios temáticos tan inquietantes como el del Golfo del Petróleo y su portal en el Estrecho de Ormuz.

Junto a este capítulo, cuyo origen más de fondo se sitúa en la denuncia Trumpiana del Acuerdo Nuclear Internacional suscrito con Irán, por supuesto incumplimiento de los persas, que han llevado a éstos a repeler las sanciones que les han sido impuestas, se ha venido a la apertura de otro conflicto internacional, conectado con otro incumplimiento de otro Acuerdo Internacional por parte del actual huésped de la Casa Blanca, el Acuerdo sobre el Clima, materia esta en cuyo contexto se radicaliza la Guerra del Sahel, al sur del Sahara, un conflicto que ya viene de largo, entre ganaderos y agricultores, por causa del cambio climático, que la sequía agudiza en rangos críticos.

Si Rafael Alberti un día, desde la cima de la Generación del 27, pudo escribir “El Azul ya tiene un nombre: Azul Pablo Ruíz, Azul Picaso”, podría haber escrito, visto lo que Trump ha montado ahora, que su nombre no debiera haber sido Donald sino Caos.