Donald Trump, entre el clima, el petróleo y las matemáticas

La afirmación de una notoria matemática americana, Marsera Berger, de que ”El cambio climático es un problema mucho más inmediato que la caída de un asteroide”, viene sobrevenir cuando es el Golfo del Petróleo, con su puerta por el Estrecho de Ormuz, ámbito de preferencia para Gobiernos y medios informativos internacionales en un contexto donde prevalece la atención coincidente sobre movimientos en torno a ese acceso marítimo a la gran cuenca del tráfico petrolero. Un ámbito, un escenario, en el que convergen y solapan efectos y rebotes de dos decisiones sucesivas de Donald Trump: retirada del Acuerdo para el el Clima y el Pacto Nuclear de 2015 con Irán.

En ese espacio del Estrecho de Ormuz están centradas las miradas de los Estados Mayores occidentales desde el cálculo de una cobertura naval a la vista de las actuaciones reiteradas por las unidades de la Guardia Revolucionaria iraní sobre transportes de petróleo, dentro de parajes por donde es acarreado una quinta parte del crudo que se consume en el mundo.

Si ahora resulta que de nuevos cálculos matemáticos se infiere de distinta forma el riesgo climático, y las represalias iraníes prueban los costes de lo que supuso el error de denunciar el Pacto Nuclear con la República Islámica de Irán, se viene a inferir que del socio americano de ahora no son sólo bienes y ventajas lo que se ha derivado para las gentes de Europa. Incluido el Rubio de Dowing Street.