Boris Johnson: ¿cambio cismático en Europa?

De dos distintas maneras cabe enfocar la elección británica de Boris Johnson, como presidente de su Partido Conservador: o como potencial adalid de un Reino Unido de la Gran Bretaña, apeado por el Brexit de su condición de  Estado miembro de la Unión Europea. Asimismo, su recíproca sintonía política con Donald Trump, presidente de Estados Unidos; sintonía que se hace extensiva  a su alineación de sincrónica beligerancia estadounidense contra una supuesta dejación europea de proporcional esfuerzo militar en la defensa occidental.

Así las cosas, este desenlace de la crisis en el seno del Partido de la Primera Ministra británica, supone una doble desembocadura en el seno de la Comunidad Atlántica, tanto en el corto como en el medio plazo. Pues  s ahí está la cuestión de la Armada Europea para despejar la inseguridad que se cierne sobre el Estrecho de Ormuz, escenario de apresamientos dentro de la primera vía petrolera del mundo. Y al mismo tiempo, junto a esta cuestión no deja de pesar la evidencia, de que Ornuz y cuanto pulsa ahora el entero Golfo del Petróleo está ahí por la sola responsabilidad de Donald Trump.

Sólo faltaba a lo desatado por el tupé de la Casa Blanca, con su corte de Mangas a sus compañeros de firma del Acuerdo con Teherán, para que la República Islámica dejara de producir Agua Pesada, su homólogo británico viniera a aplaudirle la ocurrencia alineándose con ella. La cosa, en  verdad, no es para felicitarse.