El muy impresentable Donald Trump

Es para verlo y no creerlo. Ese irregular y anómalo comportamiento internacional del huésped de la Casa Blanca, siempre de desplante en desplante, saltándose lo convenido y acordado, los compromisos contraídos, el respeto a la palabra dada, sea en torno al cambio climático, sea sobre las armas nucleares y en torno a los asuntos todos derivados de ello, como ha sido el caso de la República Islámica de Irán y las sanciones contra las ventas de su petróleo.

Asunto este en el que ha sobrevenido la deslealtad a su aliado español en la OTAN y en tantos ángulos de relación, a propósito de las aguas perimetrales de Gibraltar y sobre el destino del millón largo de barriles de crudo embarcados en un buque panameño al que quedaba chico el Canal de Suez y hubo de dar la vuelta por el Cabo de Buena Esperanza, para entrar en el Mediterráneo por el Estrecho de Gibraltar. Lo que hizo por imperativos de magnitud, por instrucción expresa del energúmeno de la Casa Blanca y por las babas cursantes del Gobernador de la Plaza gibraltareña.