Trumpismo como anticristiano

La militancia contra la migración, como clave relevante en el quehacer gubernativo de la actual Administración estadounidense, llevado a un punto discriminatorio, de encono tan manifiesto, por la profusión y sistemática dureza sobre los flujos migratorios, principalmente arribados a través de la frontera de México.

El grado de hacinamiento, el nivel de abandono en el que permanecen sumidas las gentes centroamericanas que fluyen en su ciega huída por el desespero y la miseria en que se encuentran abocadas por un estado de cosas impropias incluso del más mínimo rango de civilización y del más leve atisbo de justicia.

Si en otro orden de consideraciones y cosas, llegaran a relatarse por la ONU noticias equivalentes en su rango a las aportadas por la señora Bachelet sobre la situación imperante en Venezuela, vista la miseria política y la castración de derechos civiles a que ha llevado la dictadura chavista, tan drásticamente agravada por Nicolás Maduro, las pocilgas en que Trump mantiene hacinada, por ejemplo, la gente hondureña nacionalmente arruinada, entre otros, por el Gobierno del Presidente Zelaya, enriquecido con el tráfico de la cocaína de las Farc; un Gobierno, aquel, al que Maduro, entonces ministro de Asuntos Exteriores de Hugo Chávez, defendió contra el Tribunal Supremo y las  Fuerzas Armadas de Honduras que derrocaron a Zelaya.

Sirva esta nota, para denunciar la condición de pozo sin fondo de las responsabilidades históricas que yacen  en el desprecio trumpiano por las también víctimas de sus propios errores políticos en el pasado.