Expectación internacional sobre el futuro de Afganistán

El encuentro intergrupal celebrado en Doha, la capital del Estado árabe de Qatar, entre representaciones de las distintas etnias que componen Afganistán, involucradas en un proceso bélico cursante durante 18 años dentro de un espacio asiático de rango crítico en el equilibrio continental de fuerzas existente hasta la caída de la Unión Soviética; episodio este determinado militarmente en su proceso, por la derrota de los rusos en el contexto de la Guerra Fría, y propiciado, en medida relevante, por la colaboración estadounidense en la causa de los afganos contra rusos.

El interés que internacionalmente despierta el encuentro de Doha, llega motivado no sólo por la constante terrorista, no sólo de curso constante, apenas interrumpido en la presente actualidad afgana, sino del nexo que históricamente permanece entre el hecho afgano y su profusa relación con las variantes islamistas del terrorismo operante contra Norteamérica en las dos últimas décadas. Dato del que tampoco cabe desvincular el narcoterrorismo de base islamista, basado en la heroína, de parecido modo a como la cocaína de la guerrilla de Colombia, operó como soporte de la subversión comunista en el ámbito iberoamericano.

Pero el proceso de debate político planteado con lo que cabría llamar “Conferencia de Doha”, ofrece significaciones que orientan sobre algo que pareció borrado para siempre, reducido a irreductible dualidad de los afganos entre una minoría étnica con su apuesta terrorista y otra otra apuesta – étnico-mayoritaria – de signo aperturista y dialogante. Hay que esperar a que lo intentado en Doha, por iniciativa qatarí, valga para que Afganistán regrese en este Siglo a equilibrios primordiales que perdió con el cambio geopolítico del Siglo XX.