Libia: postgadafismo en la migración africana

El rosario de epílogos en que se se resuelve todavía lo que se llamó Primavera Árabe norteafricana – iniciada en Túnez con la caída de la dictadura que allí cursaba, concluía una década después con el epílogo incierto de la guerra civil en Siria, junto al desenlace no menos incierto y sangriento del conflicto fratricida en que están trabados libios y concurrentes de muy diversa condición, acaba de deparar página de gruesa brutalidad, como ha sido el bombardeo en las afueras de Trípoli, que se ha llevado la vida de 40 subsaharianos, albergados en una muy somera instalación, no se sabe bien si dispuesta para socorro de migrados o como barrera frente a las huestes sublevadas en el Oriente libio contra los instalados en el Poniente del Estado construido el Coronel Gadafi.

Pero las desgracias, como las desventuras, ni vienen solas ni tampoco concitan bienaventuranzas y regalos por sus contornos. Pared con pared de los desventurados en su muerte tripolitania, han estado los otros huidos del mundo subsahariano recogidos por una valerosa socorrista alemana en aguas mediterráneas, cerca de la costa líbica, y llevadas al cabo de unos días, agotadas las provisiones, sin tener otra opción de desembarco que una de Italia, por Sicilia. El titular italiano de Interior la detuvo y encarceló, y como era lo justo, la autoridad judicial le restituyó de inmediato la libertad.

Algo habrá de hacerse, desde la civilizada Unión Europea, para que se venga a preservar el respeto a los derechos humanos. El parafascismo del trato aplicado a la valerosa socorrista no puede tener curso en el Mare Nostrum.