Naufraga el horizonte de Oslo sobre Venezuela

Si entre la desinformación y algún congénito optimismo, cupo alzarse ilusiones en torno a la hipótesis de una salida negociada al infierno político, económico y social, al que finalmente ha quedado reducida la llamada aventura “bolivariana” del finado Hugo Chávez: esperpento y remedo, a su vez, en este segundo milenio de la Cristiandad, del rebrote hispanoamericano, en plena Guerra Fría, que fue la revolución castrocomunista cubana, tutora póstuma del chavismo.

Aunque no solo en términos lineales o retóricos. También funcionales y estratégicos. Sin la permeación soviética del control político de las Fuerzas Armadas venezolanas sería inviable el dominio sistémico que el régimen chavista tiene de todos y cada uno de sus soldados.

La pirámide totalitaria en que se hala herencia de Hugo Chávez alcanza, desde el golpe de Estado de Nicolás Maduro, virtuosismo de control tan acabado que carece en la historia de la impiedad política de otros precedentes que no sean los estalinianos de Beria en los tiempos de la URSS, o en las horas de la Gestapo. Así, en los últimos días se acumulan las revelaciones sobre los casos de muertes violentas por parte de los mecanismos de seguridad manejados por el régimen. Tanto que la reiteración de estos hechos han determinado la inmediata visita de Michelle Bachelet, Alta Comisaria de la ONU para los Derechos Humanos, luego de que esta entidad denunciara la persecución de los opositores basándose, en la documentación puntual de que dispone sobre la existencia de presos políticos, con especificación de las torturas a que son sometidos, así como referencias a ejecuciones extrajudiciales.

Tal es la presión irregular del régimen madurista que se acumula, entre componentes de la Oposición de alta y media notoriedad, el preventivo recurso al asilo diplomático, como ha sido el caso de Richard Blanco, acogido a la Embajada de Argentina y huido a Colombia en la antevíspera de la llegada de Bachelet a Caracas.

Tal es el clima de represión imperante y que viene a ratificar las muy crudas razones por las que fracasó la mediación de ZP entre el régimen y la Oposición, lo mismo que también ahora no ha llevado a parte alguna el marco mediador del Gobierno de Noruega.