Riesgo evolutivo acusado en la crisis del Golfo

Pintan espadas y bastos en la tensión crítica que cursa a estas horas entre Washington y Teherán, luego de que fuera derribado un avión norteamericano sin piloto en del entorno del Estrecho de Ormuz, sobre aguas internacionales según Estados Unidos, y dentro del espacio iraní, desde la versión de la República Islámica de Irán. Dentro de ese marco hipertenso, en lo diplomático y en lo militar, se abre un nuevo tramo en la evolución de la crisis del Golfo, focalizada en palabras del presidente norteamericano, cuando reconduce advertencias y amenazas a la figura de Jamenei, instancia suprema en la escala de poder iraní.

Una y otra cosa son extendidas a estas horas sobre Mohamed Yavad Zarif, ministro de Asuntos Exteriores en el Gobierno de Irán, cuyo Jefe, Rohani, firmante del Acuerdo Nuclear con Donald Trump, acaba de calificar a éste de “retrasado mental”, luego de englobar a Bolton, Netanyahu, el Principe Bin Salman bajo la etiqueta política de “Equipo B” de Presidente Trump”. En el ápice de la crisis, lo primero que parece haberse perdido son las formas.

Pero lo más lógico sería que éstas vengan a recuperarse a partir del próximo sábado, en la Cumbre del G20 en la ciudad japonesa de Osaka, donde concurrirán, entre otros convocados, China, que es el principal Interlocutor económico de Irán, los países árabes del Consejo del Consejo de Cooperación del Golfo cuyos gastos en defensa equivalen a 181 veces los de la República Islámica de irán, sumida en una inflación del 37 por ciento, asida como está a las sanciones comerciales a que la tiene sometida Estados Unidos. Mucho es, por tanto lo que cabe esperar del G2O EN Osaka y de lo que resulte de los buenos oficios y mediación del Gobierno japonés.

Si acusado es el riesgo evolutivo de la crisis del Golfo del Petróleo, con el que se titula esta nota, destacada es también la probabilidad de que la reunión del G20 sirva para cortar el nudo gordiano en que aparece atada la paz en el Golfo del Petróleo.